La alcaldesa de Vitoria, Maider Etxebarria, abrió el curso político con un golpe sobre la mesa. La regidora socialista respondió este viernes con una dureza inusual a las críticas que su socio de gobierno, el PNV, le lanzó el pasado domingo, cuando la acusaron de una «falta de liderazgo» al frente del Ayuntamiento de la capital alavesa.

Lejos de encajar el golpe en silencio, Etxebarria devolvió el fuego con intereses y elevó el conflicto hasta la más alta instancia: «La próxima vez que me encuentre con el lehendakari le voy a preguntar a ver si ha puesto orden en su partido».
La alcaldesa calificó de «incoherentes» las palabras del portavoz del PNV en el Parlamento vasco, Joseba Díez Antxustegi, señalando que los jeltzales «también participan en el Gobierno municipal» y que, por tanto, comparten la responsabilidad de la gestión. «Se han pegado un tiro en el pie con estas declaraciones», afirmó sin rodeos.
Pero el golpe más certero apuntó a la situación interna del PNV en Vitoria. Con la confirmación de que Beatriz Artolazabal deja la portavocía municipal para incorporarse al Senado, los nacionalistas afrontan las próximas elecciones de 2027 sin candidato definido. Etxebarria no dejó pasar la oportunidad: «El liderazgo se lo tienen que hacer mirar ellos. Son los menos indicados para hablar. El PNV es el que no tiene un portavoz directo y claro. Ha presentado, desde 2019, tres candidatos diferentes. El de 2027 aún no sabemos quién va a ser».
Esta situación se enmarca en un ambiente de precampaña creciente. El diputado general de Álava, Ramiro González, ha aplazado la definición de su futuro político, y el propio Díez Antxustegi reconoció que la decisión sobre candidaturas locales «no está tomada».
Pese a la tensión, la alcaldesa no cerró la puerta al entendimiento en materia presupuestaria y tendió la mano tanto a la oposición como a sus socios. Eso sí, con una advertencia clara: «Es el momento en que deben demostrar que están en clave municipal y no electoral».
Con las elecciones forales y municipales a ocho meses vista, el gobierno de coalición en Vitoria afronta un otoño de alta temperatura política. Etxebarria ha dejado claro que no piensa ceder terreno sin respuesta.



