El Balonmano Zamora vuelve a la élite con la ilusión como bandera y un vestuario que ya sabe lo que es ganar

El BM Caja Rural de Zamora regresa esta temporada a la División de Honor Plata con la mayoría de los jugadores que protagonizaron el ascenso histórico del curso pasado. Una apuesta clara por la continuidad que refleja la confianza de la dirección del club en una generación que, según su presidente, Iñaki Gómez, «ha dado un gran paso adelante».

El Balonmano Zamora vuelve a la élite con la ilusión como bandera y un vestuario que ya sabe lo que es ganar

El dirigente zamorano no esconde la satisfacción que supone este regreso a una categoría que los aficionados de la ciudad conocen bien. Para él, volver a ver a los «Guerreros de Viriato» medirse ante grandes equipos y jugadores es, ante todo, un regalo para una afición que ha vivido también años de Asobal y que merece disfrutar del buen balonmano.

Sin embargo, Iñaki Gómez es realista. El ascenso logrado en la pista de El Rosal fue un hito histórico, pero ahora toca confirmarlo. El presidente reconoce que, tras el verano, todavía no ha visto en el equipo esa chispa competitiva que les llevó a conseguir el objetivo. «Si el equipo encuentra esas sensaciones, estará capacitado», asegura, y ahí radica precisamente el gran reto de la temporada.

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El club ha apostado por un cambio en el cuerpo técnico para afrontar esta nueva etapa. La dirección considera que el anterior staff cumplió su misión principal con el ascenso, pero que había otros objetivos internos que no se alcanzaron. Algunos jugadores también han causado baja por razones laborales o deportivas, aunque el grueso del vestuario se mantiene.

En cuanto a la competición, Gómez advierte de que la División de Honor Plata de este año se presenta como una de las más igualadas y exigentes. Equipos como Burgos, Ainaitasuna, Guadalajara o el Huesca, primer rival del sábado en el Ángel Nieto, llegan con grandes aspiraciones. «Cuando busco al rival más débil, no encuentro muchas opciones», reconoce el presidente.

El objetivo del club es claro: instalarse en esa clase media de la categoría que les permita competir con garantías y evitar el sufrimiento del descenso. Para lograrlo, la ilusión, el sacrificio y ese gen competitivo que ya demostraron serán imprescindibles.

La afición, factor clave en la pasada campaña, tendrá de nuevo un papel protagonista. Zamora vuelve a la Plata con hambre de balonmano de nivel y con una plantilla que ya sabe lo que cuesta ganar.