Carmen del Valle lleva más de treinta años enseñando Lengua Castellana y Literatura en institutos de Sevilla. Hoy da clase en el IES Politécnico, uno de los centros más veteranos y reconocidos de la ciudad, y lo que ve cada curso la preocupa cada vez más.

La publicación esta semana del Informe PISA, que sitúa a los jóvenes españoles de 15 y 16 años a la cola de Europa en comprensión lectora, matemáticas y ciencias, no le ha pillado por sorpresa. «La bajada de nivel es algo que se constata cada año», afirma esta filóloga hispánica, que describe a sus alumnos como «un espejo maravilloso de lo que somos como sociedad».
Lo que más le alarma es llegar al aula de bachillerato y encontrar estudiantes que silabean al leer y que evitan hacerlo en voz alta por vergüenza. «Tenemos que hacer magia potagia», resume con una mezcla de humor y hartazgo.
Para ella, la responsabilidad es compartida. Señala a las sucesivas leyes educativas que han pasado por el sistema español desde la LOGSE hasta la última LOMLOE, y pide lo que los docentes llevan años reclamando: un gran pacto de Estado por la educación que no dependa del resultado de cada elección. «Nos sentimos como en un partido de ping pong», dice.
También apunta a la fragmentación de la atención, agravada por el uso de pantallas, aunque matiza que el problema no es solo cosa de los móviles en el aula. Según el propio Informe PISA, el 86 por ciento de los centros españoles tienen el móvil prohibido, muy por encima de la media de la OCDE. Y aun así los resultados siguen cayendo, lo que lleva a esta profesora a concluir que el foco debe ponerse también fuera del horario escolar.
Uno de los puntos más polémicos que plantea es la posibilidad de obtener el título de la ESO con asignaturas suspensas, incluidas Lengua y Matemáticas. Lo califica directamente de «bomba de relojería» y pide más horas lectivas y refuerzos específicos para estas materias, que considera troncales e irrenunciables.
Una voz con décadas de tiza en la mano y letras en el corazón, que no ha perdido la pasión por enseñar pero que exige que alguien, de una vez, escuche a quienes están cada día en el aula.



