Cuarenta voluntarios limpian el rastro del narcotráfico en el Guadalquivir: 2.000 garrafas y 350 kilos de residuos retirados

Un grupo de cuarenta personas recorrió este fin de semana el Guadalquivir desde Gelves hasta Sanlúcar de Barrameda para sacar a la luz una realidad que el río arrastra en silencio: miles de garrafas de plástico abandonadas tras las operaciones de abastecimiento de combustible a narcolanchas.

Cuarenta voluntarios limpian el rastro del narcotráfico en el Guadalquivir: 2.000 garrafas y 350 kilos de residuos retirados

La iniciativa, bautizada como Ríogrande e impulsada por cinco emprendedores sevillanos, logró retirar cerca de 2.000 de estos recipientes, además de otros 350 kilos de residuos acumulados en las márgenes del río. Una cifra que, lejos de ser anecdótica, refleja la magnitud de un problema que lleva años enquistado en el Bajo Guadalquivir.

Gran parte de las garrafas están vinculadas al llamado petaqueo, la actividad clandestina mediante la cual se abastece de combustible a las embarcaciones rápidas utilizadas por redes de narcotráfico. Una vez usados, esos recipientes terminan tirados en las orillas, donde se acumulan durante meses o años sin que nadie los recoja.

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Uno de los focos más graves detectados fue La Señuela, en el término municipal de Lebrija. El equipo organizador había identificado previamente hasta doce kilómetros de márgenes cubiertos de residuos, con una presencia masiva de garrafas. Allí se celebró una jornada colectiva de limpieza que concentró buena parte de los esfuerzos de la expedición.

Pero el proyecto no se limitó a recoger basura. A lo largo del recorrido, los participantes prestaron atención a otros problemas ambientales del río: la presencia de microplásticos, la nitrificación de las aguas, la degradación de su calidad y la contaminación por metales pesados. Una mirada integral a un cauce que acumula presiones de muy distinto origen.

La expedición incluyó además un guiño simbólico difícil de ignorar. Los organizadores construyeron un hidropedal con materiales reutilizados, incluidas algunas de las garrafas recogidas durante los trabajos previos. La embarcación navegó kilómetros del Guadalquivir como emblema de la campaña, convirtiendo un residuo del narcotráfico en una herramienta de denuncia ambiental.

La acción llega en un momento en que la presencia del narcotráfico en Andalucía sigue creciendo, según las últimas advertencias de la Fiscalía Antidroga. El Guadalquivir, en ese contexto, no solo es escenario de persecuciones policiales, sino también de una contaminación silenciosa que paga el precio de la impunidad con plástico y gasolina.