Sergio Dalma convierte la plaza de toros de Santander en una máquina del tiempo

La noche del domingo en la plaza de toros de Santander no fue un concierto al uso. Fue un reencuentro. Sergio Dalma regresó a la capital cántabra con su gira «Ritorno a Via Dalma» y protagonizó uno de los espectáculos más emotivos del verano, reuniendo a varias generaciones bajo un mismo cielo para revivir décadas de canciones que muchos llevan tatuadas en la memoria.

Sergio Dalma convierte la plaza de toros de Santander en una máquina del tiempo

La velada arrancó a las 21.05 horas con la actuación de Martes Martes, la emergente banda cántabra que calentó el ambiente durante poco más de cuarenta minutos. Mientras se preparaba el escenario para el plato fuerte, los acordes de Adriano Celentano y Eros Ramazzotti ya anticipaban el espíritu italiano que impregnaría toda la noche.

A las diez y media, las luces rojas tiñeron el ruedo y los primeros compases del aria de Puccini «O mio babbino caro» anunciaron la llegada del artista catalán. Sin apenas pausa, Dalma rompió la solemnidad operística para lanzarse de lleno con «Yo quiero verte danzar», dejando claro desde el primer momento cuáles eran sus intenciones.

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El recinto acogió un público muy distinto al habitual en los festivales de verano. Sillas, mesas y una mayoría adulta que no había ido a saltar, sino a sentir. Y Dalma supo leerlo perfectamente. Alternó grandes baladas como «Y tú» o «La fuerza de la vida» con momentos de pura euforia, recordando sus tiempos en las orquestas y bromeando con los pantalones de campana y las hombreras de los ochenta.

El momento más desbordante llegó con «Rumore». Una bola de discoteca descendió sobre el escenario, el cantante bajó al nivel del público y recorrió las mesas cantando cara a cara con sus fans. Abrazos, besos, gritos y más de un piropo desde las gradas completaron una imagen difícil de olvidar.

La propuesta repasó casi cuatro décadas de trayectoria, mezclando los temas de su último disco, el número 23 de su carrera, con los grandes clásicos que el público coreó sin dudar. Entre ellos, el inevitable «Bailar Pegados», que desató la mayor ovación de la noche y borró de un plumazo cualquier rastro de los años transcurridos.

Santander le devolvió el cariño con creces. Porque hay artistas que no envejecen, simplemente maduran. Y Dalma, con 37 años encima de los escenarios, sigue siendo uno de ellos.