Los bosques pasiegos tienen ahora nuevos guardianes. Un sistema de sensores inteligentes instalados entre los árboles que rodean Vega de Pas es capaz de detectar el inicio de una combustión antes de que el fuego se extienda, lanzando alertas en tiempo real hasta Madrid.

La iniciativa, impulsada por Securitas Seguridad España, lleva algo más de un año en funcionamiento en este rincón de Cantabria. Sus responsables la llaman, con humor, las «narices digitales» del bosque, porque su misión es, literalmente, olerlo de forma constante.
Los dispositivos se distribuyen por una superficie de veinte hectáreas y miden de manera continua la humedad, la temperatura, la calidad del aire y las partículas en suspensión. Durante los primeros quince días, el sistema «aprende» el entorno: registra qué hay en el ambiente, cómo se comporta la biomasa, cuáles son los patrones habituales. A partir de ahí, cualquier desequilibrio dispara una alerta que viaja vía satélite hasta el centro de operaciones y de ahí a la Dirección General de Montes.
Damián Rodríguez, gerente del área de Desarrollo, explica que la utilidad más valiosa no es solo la alarma en sí, sino la posibilidad de que un técnico observe en tiempo real los patrones de todos los sensores y detecte, mediante un código de colores, qué zonas del territorio cántabro están en riesgo antes de que el fuego llegue a prender.
Los dispositivos funcionan gracias a una red propia de comunicaciones en el bosque, llamada LoRaWAN, que no emite tóxicos, no usa baterías convencionales y se alimenta de energía solar. Un agente forestal puede seguir la evolución del microclima desde su teléfono móvil.
Los niños del colegio Doctor Madrazo, de entre 6 y 11 años, fueron los primeros en conocer el proyecto de cerca. El tejado de su centro ya acoge una de las antenas del sistema. Escucharon, con atención y muchas preguntas, cómo el bosque que ven cada día desde las ventanas del aula es ahora capaz de hablar y pedir ayuda.
La necesidad de este tipo de soluciones es urgente. En 2025, casi 16.000 hectáreas ardieron en Cantabria, el doble que el año anterior, y el 99% de los fuegos fueron intencionados. Solo en la zona de Pas-Pisueña, se queman de media unas 2.000 hectáreas cada año.
Que la tecnología llegue antes que las llamas es, hoy por hoy, la mejor apuesta para salvar estos montes.
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