Valencia acogió este miércoles su tradicional debate sobre el estado de la ciudad, una cita política de primer orden que este año dejó un ambiente especialmente cargado, con reproches cruzados entre los grupos municipales y un fondo de preocupación ciudadana por el modelo de ciudad que se está construyendo.

El encuentro reunió a los principales representantes políticos del consistorio valenciano para hacer balance de la gestión municipal y trazar perspectivas de futuro. Como suele ocurrir en estos foros, cada grupo llegó con su propio relato y no escatimó en críticas hacia los demás.
El representante de Vox, Gosálbez, defendió con contundencia la trayectoria de su partido dentro del gobierno municipal. «Lo que decimos, lo hacemos», afirmó ante el pleno, reivindicando coherencia entre el discurso y la acción política de su formación en la gestión de la ciudad.
Desde la oposición, las intervenciones fueron considerablemente más críticas. La portavoz de Compromís, Robles, cargó directamente contra el legado de la alcaldesa Catalá y lanzó una acusación que resonó en la sala: «El legado de Catalá será una ciudad para el turismo que ha expulsado a los vecinos». Una frase que condensa el debate que llevan meses protagonizando barrios como el Cabanyal o el centro histórico, donde la presión turística y el encarecimiento del alquiler están cambiando la composición social de los vecindarios.
En la misma línea crítica se situó el representante del PSPV, Sanjuan, quien advirtió con cierta nostalgia y preocupación que «la València de los valencianos está desapareciendo». Una afirmación que apela directamente al sentimiento de desarraigo que expresan muchos residentes de toda la vida ante una ciudad que crece y se transforma, pero no siempre para quienes la habitan.
El debate, que se prolongó durante horas, evidenció las profundas diferencias entre el equipo de gobierno y los grupos de la oposición sobre cuestiones como la vivienda, el turismo, los servicios públicos y el modelo económico de la ciudad.
Valencia, que en los últimos años ha ganado proyección internacional y ha sido escenario de grandes eventos, afronta el reto de compatibilizar ese crecimiento con la calidad de vida y el arraigo de sus ciudadanos. Un equilibrio que, a juzgar por lo escuchado en el debate, está lejos de haberse alcanzado.
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