La ronda de León que lleva 67 años esperando cerrarse y nadie sabe si lo hará algún día

Hay infraestructuras que el tiempo convierte en símbolo de la brecha entre lo que se promete y lo que se ejecuta. La circunvalación de León es una de ellas. Un proyecto que nació en los años 50 del siglo pasado, cuando España aún usaba pesetas y el tráfico urbano ya empezaba a dar dolores de cabeza, y que hoy, en 2026, sigue sin completarse.

La ronda de León que lleva 67 años esperando cerrarse y nadie sabe si lo hará algún día

Todo arranca en noviembre de 1959. El entonces Ministerio de Obras Públicas publicaba en su boletín un artículo entusiasta sobre la nueva carretera de circunvalación a León. El titular lo decía todo: el proyecto liberaría al tráfico general de las perturbaciones que generaba el casco urbano. El plan era ambicioso: un contorno de unos 14 kilómetros que conectaría la ciudad con las carreteras hacia Astorga, Zamora, Gijón, Valladolid, Santander y otros destinos. El coste estimado de los tramos ejecutados fue de 19 millones de pesetas de la época.

Se construyeron dos tramos que sumaban casi cinco kilómetros. Se levantaron puentes y túneles para salvar las vías del tren y el río Bernesga, obras que todavía hoy siguen en uso. Y ahí, en buena medida, se detuvo todo.

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Dos tercios de siglo después, la circunvalación nunca llegó a cerrarse. El trazado fue avanzando parcialmente hacia el norte y el este de la ciudad a través de lo que hoy conocemos como la LE-20, una vía que además está ahora inmersa en reformas para eliminar el paso a nivel de La Granja. Pero el cierre hacia el suroeste, el tramo que hubiera completado el anillo, nunca se materializó.

El problema es que el tiempo no ha jugado a favor. Barrios como Eras de Renueva, el Área 17 o la expansión de Trobajo y San Andrés del Rabanedo han ido ocupando precisamente el suelo por donde debería haber discurrido esa conexión. La ciudad creció, pero no hacia donde convenía si se quería cerrar la ronda.

El paralelismo con Madrid es inevitable. La M-50 lleva años sin poder cerrarse entre la A-1 y la A-6 por motivos similares. En León el escenario apunta en la misma dirección: una circunvalación que nació con vocación de solución y que hoy es, sobre todo, un recordatorio de lo complicado que resulta planificar una ciudad para el largo plazo.

Sesenta y siete años no son una anécdota. Son casi tres generaciones de leoneses que han convivido con una obra inconclusa.