La conexión entre León y Asturias está a punto de recuperar su fluidez habitual. Las obras en la AP-66, que llevan activas desde el catastrófico argayo de noviembre de 2024, entran en su recta final y apuntan a una reapertura completa antes de que acabe este mes de septiembre o a comienzos de octubre.

El desprendimiento de una ladera hace casi dos años obligó a habilitar un bypass provisional para mantener la comunicación entre ambas comunidades. Aunque la solución evitó el corte total de la vía durante meses, las restricciones impuestas han supuesto un calvario para conductores, transportistas y todos los que dependen a diario de esta arteria fundamental del noroeste español.
El Ministerio de Transportes y Aulcalsa, la empresa concesionaria de la autopista, han intensificado los trabajos en los últimos meses. Según fuentes cercanas al avance de las obras, el estado de los trabajos de consolidación de la ladera ya superaba el 80% a finales del verano. Desde entonces se han instalado mallas de seguridad en la zona afectada, y lo que resta es la retirada del material acumulado en la calzada y la rehabilitación de los daños en el firme.
La buena marcha de los trabajos ha cambiado el discurso de quienes siguen de cerca la situación. Ya no se habla de meses, sino de semanas para que las restricciones desaparezcan de manera significativa.
Pero el argayo no ha sido el único frente abierto en esta vía. La modernización de los túneles, un proyecto de más de 68 millones de euros firmado en marzo de 2023, ha sumado complicaciones adicionales al tráfico. El Ministerio optó por abordar varios túneles a la vez para acelerar los plazos, dejando los del Negrón para el tramo final. En estos momentos, el tubo en sentido León permanece ocupado por los trabajadores, aunque el equipo responsable confía en reabrir esa calzada antes de que transcurra un mes.
La supresión del peaje, una reivindicación histórica de los usuarios de la vía y de los propios vecinos de la zona, sigue siendo una asignatura pendiente. Nadie en León ha dejado de reclamarla, aunque las perspectivas de que se materialice a corto plazo son escasas.
Lo que sí parece seguro es que el otoño llegará con una AP-66 muy distinta a la que ha soportado estos últimos dos años de obras, restricciones y paciencia forzada.



