Los propietarios de Medina de Pomar y Villarcayo prefieren alquilar por temporadas antes que arriesgarse con inquilinos de larga duración

Encontrar un piso de alquiler anual en los dos municipios más grandes de la comarca de Las Merindades se ha convertido en una auténtica odisea. El miedo a los impagos y a una legislación que los propietarios perciben como desfavorable está detrás de un fenómeno que deja a muchas familias sin opciones para instalarse en la zona.

Los propietarios de Medina de Pomar y Villarcayo prefieren alquilar por temporadas antes que arriesgarse con inquilinos de la

Solo el 20% de los inmuebles disponibles en Medina de Pomar y en torno al 30% en Villarcayo admiten contratos de un año o más. El resto se orienta al alquiler de temporada: docentes que llegan en septiembre y se marchan en junio, y turistas que cubren los meses de verano. Con este modelo, los dueños logran mantener ingresos altos sin comprometerse con un inquilino permanente.

Así lo confirman desde las inmobiliarias locales, que ven sus escaparates prácticamente vacíos de oferta de arrendamiento de larga duración. En algunas agencias ni siquiera se publican pisos en alquiler, solo en venta. Son los particulares quienes suelen acudir directamente a portales como Idealista para anunciar sus viviendas, aunque siempre con condiciones estrictas, como exigir varias nóminas antes de firmar cualquier contrato.

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La demanda, sin embargo, no deja de crecer. Según los profesionales del sector, cada vez llegan más familias extranjeras a la comarca, y también personas que trabajan en Bilbao y buscan fijar su residencia en Medina o Villarcayo para escapar de los precios desorbitados del alquiler en la capital vizcaína. Muchas de ellas estarían dispuestas a desplazarse a diario hasta el País Vasco con tal de pagar una renta asumible.

El problema es que esa oferta no existe, o casi. Y la razón, según explican las inmobiliarias, tiene nombre propio: el miedo. Los propietarios temen alquilar a familias con hijos que, en caso de dejar de pagar, puedan acogerse a la figura de persona vulnerable y permanecer en la vivienda durante años sin posibilidad de desahucio inmediato.

Esta situación, que no es nueva en Las Merindades, se ha agudizado con el paso del tiempo. Lo que antes era una práctica habitual de unos pocos se ha convertido hoy en la norma mayoritaria, dejando al descubierto una brecha entre la creciente demanda de vivienda estable y una oferta que prefiere la rentabilidad segura de los contratos cortos a la incertidumbre de los largos.

El resultado es un mercado de alquiler que aparece y desaparece según la temporada, y que deja fuera a quienes más necesitan echar raíces en la comarca.