El comienzo del curso escolar en el CEIP Eugenio Perojo de Liérganes ha estado marcado por un serio problema de planificación: nueve niños de un año que debían estrenar aula propia este año se encontraron sin un espacio acondicionado donde recibir clases.

La situación ha generado malestar entre las familias afectadas, que recibieron la notificación apenas días antes de que arrancara el periodo lectivo. Para colmo, las dos profesionales asignadas específicamente a ese grupo, una maestra y una técnico, llegaron al centro la semana pasada y descubrieron que no tenían dónde trabajar.
Tras una semana de incertidumbre y varias opciones descartadas, como habilitar la biblioteca del colegio o instalar un módulo prefabricado, el Ayuntamiento, el centro y la Consejería de Educación habrían acordado una solución provisional. Los niños de dos años con mayor autonomía se integrarán en el aula de los de tres, mientras que los restantes de esa edad compartirán clase con los de uno, tal como venía ocurriendo hasta ahora.
El asunto llegó al pleno municipal, donde el debate se calentó entre el equipo de gobierno de PP y PRC y los grupos de la oposición. El alcalde, Ángel Bordas, justificó la falta de obras argumentando que el dinero del convenio con Educación no llegó hasta agosto, lo que impidió licitar a tiempo la adecuación de la antigua casa del conserje del colegio como nuevo aula.
La portavoz del PRC, Olga Sáinz, socia de gobierno, reconoció que desde el ejecutivo local ya se había advertido en agosto de que habría que buscar fórmulas para atender a ese alumnado mientras las obras no estuvieran listas.
Sin embargo, la oposición no aceptó las explicaciones. El concejal socialista Ramón Hoz reprochó que si la situación era conocida con antelación, debían haberse buscado soluciones antes y no esperar a que el curso ya estuviera en marcha para intentar coordinar una salida. También cuestionaron que se hubiera permitido la matrícula sin tener garantizado el espacio.
El equipo de gobierno se defendió recordando que las matriculaciones dependen de la Consejería y no del municipio, y subrayó que la solución está en marcha. Bordas señaló además que, al contar con cuatro técnicos disponibles y ser pocos los niños de tres años, la reagrupación resulta viable.
Las familias, mientras tanto, esperan que la situación se normalice cuanto antes y que las obras previstas concluyan a lo largo del curso sin más contratiempos.



