El casco histórico de Cáceres vuelve a llenarse este fin de semana de bodhráns, violines y flautas irlandesas con la nueva edición del festival Irish Fleadh, una cita que desde hace más de dos décadas transforma las plazas amuralladas de la ciudad en un auténtico pub céltico al aire libre.

El festival arrancó el pasado jueves con una jornada masiva en la que, según su directora Patricia Bravo, todos los bares del centro tuvieron música en directo hasta las tres de la mañana. Las expectativas para este año son altas: más de 15.000 personas están previstas a lo largo de los días que dura el encuentro, con un lleno prácticamente total en los alojamientos de la ciudad.
Pero el Fleadh es mucho más que un festival de música. Bravo lo define como un proyecto de diplomacia cultural que trabaja activamente con la embajada de Irlanda para convertir a Cáceres en el epicentro de la cultura gaélica en Europa. De hecho, el nuevo embajador irlandés en España mencionó el festival al presentar sus credenciales ante el Rey como el punto de encuentro de los irlandeses fuera de su país.
El festival cuenta con un presupuesto de 70.000 euros entre aportaciones públicas y privadas, una cifra que la propia directora reconoce que se queda corta para la magnitud del evento. Aun así, se han podido contratar a más de 200 músicos, a los que se suman infinidad de participantes que acuden por cuenta propia atraídos por el ambiente único que ofrece la ciudad.
Esta edición incluye ocho conciertos en el escenario principal de la Plaza de Santa María con artistas nacionales e internacionales como The Kilbride Brothers, Cathy Jordan’s Crankie Island Project, The Craic Addicts, Réalta o Jiggy, entre otros.
La proyección internacional del Fleadh contrasta, sin embargo, con su exclusión del proyecto de Cáceres como Capital Europea de la Cultura 2031. Bravo presentó el festival para apoyar esa candidatura y recibió una respuesta negativa por correo sin explicación clara, algo que no ha frenado su trabajo directo con las instituciones irlandesas.
Lo que sí queda fuera de toda duda es el impacto que genera en la ciudad. Cáceres se convierte cada otoño en un destino para viajeros curiosos y amantes de la cultura celta que, según Bravo, quedan sorprendidos de encontrar en una ciudad española un festival tan arraigado a la tradición irlandesa. Y repiten.
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