Las obras de mejora hidráulica en el arroyo de La Muela, en El Viso del Alcor, han arrasado buena parte de uno de los escasos bosques de ribera que quedaban en el municipio. El Colectivo Ecopacifista Solano-Ecologistas en Acción ha alzado la voz para denunciar lo que califican de una tala brutal y excesiva, reclamando que se revisen las actuaciones aún pendientes.

La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y la empresa TRAGSA son las responsables de los trabajos, presentados por el Ayuntamiento como una intervención necesaria para mejorar la seguridad hidráulica, frenar la erosión y garantizar el flujo del agua en episodios de lluvia intensa. Las obras contemplan una nueva conducción, la adecuación del cauce y labores de desbroce y limpieza integral.
Sin embargo, los ecologistas aseguran que la magnitud de la intervención va mucho más allá de lo razonable. Durante los trabajos se están eliminando álamos, paraísos y tarajes en el entorno del parque, especies que conformaban uno de los pocos reductos de vegetación ligada a los cauces que aún permanecían en el municipio.
«Nos hemos quedado alarmados al comprobar la magnitud de la tala. No entendemos que una actuación del siglo XXI sobre un arroyo pueda plantearse de esta manera», ha afirmado David Roldán, portavoz del colectivo.
Solano no cuestiona la necesidad de actuar ante los riesgos de erosión o los peligros para la población, pero sí la forma en que se ejecuta la intervención. Para la organización, seguridad hidráulica y conservación de la vegetación son perfectamente compatibles. Advierten además de que el arroyo puede acabar convertido en «un triste y feo canal» que pierda por completo su función como ecosistema y corredor ecológico.
La historia de la arboleda afectada añade un componente especialmente emotivo al conflicto. Desde 1994, vecinos del municipio y miembros del propio colectivo han participado en plantaciones populares en el parque, lo que significa que muchos de los árboles derribados fueron sembrados con sus propias manos hace más de treinta años.
El colectivo exige ahora que se paralicen o revisen las actuaciones todavía pendientes de ejecutarse, con el objetivo de preservar la mayor cantidad posible de arboleda. Para Solano, lo que está en juego no es solo un puñado de árboles, sino uno de los últimos espacios naturales de un municipio que, según denuncian, ha perdido ya casi toda su vegetación de ribera.
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