Los usuarios habituales del Bulevar Ronda de Torrelavega se enfrentan a una situación que se repite sin descanso: uno de los dos baños públicos de la zona lleva meses funcionando a trompicones, inutilizado con frecuencia por los continuos actos de vandalismo que sufre.

El aseo afectado es el que se encuentra junto a la rotonda de los Rotarios, en Sierrapando. Según fuentes municipales, el Ayuntamiento lleva alrededor de un año y medio interviniendo de manera recurrente para reparar los daños. El problema es que los arreglos apenas duran. En algunos casos, la instalación vuelve a quedar fuera de servicio el mismo día en que se ha reparado.
Los desperfectos afectan principalmente al lector magnético que permite abrir la puerta, aunque también se registran pintadas y daños en distintos elementos del interior. Esta situación provoca que los vecinos y caminantes encuentren el baño cerrado con más frecuencia de la que debería.
Los habituales de la conocida como Ruta del colesterol llevan tiempo quejándose. Algunos aseguran que llevan años alertando del problema sin encontrar solución definitiva. Desde el consistorio rechazan que la instalación haya estado desatendida y aseguran que se actúa cada vez que se detectan nuevos daños.
Los dos baños autolavables del bulevar fueron instalados en 2018 con una inversión conjunta de 83.369 euros. Son de uso gratuito, adaptados para personas con discapacidad y cuentan con cambiador para bebés. Para acceder basta con introducir cualquier tarjeta con banda magnética. Su instalación respondió sobre todo a la demanda de las personas mayores que recorren a diario este paseo.
El segundo baño, ubicado en Campuzano, también acumula quejas por parte de los usuarios, aunque en este caso el motivo es el fuerte olor que encuentran en su interior.
A este panorama se suma el cierre prolongado de los aseos del parque Manuel Barquín. Las obras para renovarlos arrancaron en febrero con un presupuesto de 48.000 euros y un plazo previsto de dos meses, pero a día de hoy siguen sin haberse concluido.
El resultado es que los vecinos que recorren el bulevar se encuentran sin una red mínima de servicios básicos en condiciones. Mientras el vandalismo sigue ganando la partida a las reparaciones, la ciudadanía paga las consecuencias de una situación que el Ayuntamiento no ha logrado resolver de forma definitiva.
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