Cuando los amigos se reúnen en la Plaza del Ayuntamiento para brindar y disfrutar de las fiestas de San Mateo, hay personas que también están allí, pero con otra misión. No llevan copa en la mano sino material sanitario, y sus ojos no buscan el espectáculo sino a alguien que pueda necesitar ayuda.

David, Eugenia, Joaquín, Joni, Javier y Daniel son algunos de los voluntarios de Cruz Roja que forman parte del dispositivo desplegado durante las fiestas patronales de Logroño. Son vecinos de la ciudad, como cualquier otro festero, pero durante estos días eligen ponerse el chaleco de la organización y velar por la seguridad de todos los demás.
No es una renuncia a la celebración. Es, más bien, otra forma de vivirla.
Ellos conocen perfectamente el ambiente de San Mateo, sus ritmos, sus momentos de mayor concentración de gente y los rincones donde es más probable que alguien precise asistencia. Esa experiencia acumulada año tras año convierte al dispositivo en algo mucho más que un servicio de emergencias puntual.
El trabajo no es sencillo. Las horas son largas, el entorno es ruidoso y la atención debe mantenerse constante incluso cuando todo parece transcurrir con normalidad. Pero quienes forman parte de estos equipos suelen coincidir en algo: la satisfacción de haber estado ahí cuando alguien lo necesitó compensa con creces el esfuerzo.
La presencia de Cruz Roja en las fiestas de Logroño es discreta pero fundamental. La mayoría de los asistentes nunca necesitará acudir a ellos, y eso es precisamente lo que estos voluntarios desean. Que las fiestas pasen sin incidentes graves. Que todo el mundo pueda volver a casa.
Al final de cada jornada, cuando la plaza se va vaciando y la música baja de volumen, ellos recogen su material y cierran otro turno. Mañana volverán. Porque San Mateo dura varios días y Logroño merece que alguien esté pendiente de ella mientras celebra.



