El territorio alavés atraviesa el estío más mortífero del que se tiene memoria. Desde el pasado 1 de mayo hasta el 14 de julio, el calor ha acabado con la vida de medio centenar de personas en Álava, según los datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad. La cifra supone un salto brutal respecto a las 7 muertes registradas en el mismo periodo del año pasado.

Vitoria-Gasteiz

El mes de junio fue especialmente devastador. Treinta personas fallecieron en Álava a lo largo de ese mes, cuando los termómetros superaron los 40 grados durante varias jornadas seguidas y el territorio encadenó hasta tres alertas rojas por temperaturas extremas, el máximo nivel de riesgo posible. Nunca antes junio había sido tan letal ni tan caluroso en estas tierras.

Los expertos llevan años advirtiendo de que las comunidades del norte sufren especialmente los episodios de calor extremo porque sus habitantes no están acostumbrados a convivir con ellas. Aquí no existe lo que los especialistas llaman una cultura del calor, algo que sí tienen integrado otras regiones donde el bochorno estival es habitual desde hace generaciones.

Los datos en el conjunto de Euskadi confirman esta tendencia de manera alarmante. El País Vasco acumula 282 fallecidos por calor entre mayo y mediados de julio, convirtiéndose en la segunda comunidad con más muertes de España, solo por detrás de Cataluña. Lo más llamativo es que esa cifra supera a la de Andalucía, que registró 248 decesos con una población cuatro veces mayor.

Para entender la magnitud del problema basta con mirar atrás. En el mismo periodo de 2016, los tres territorios vascos sumaron apenas 12 muertes por calor. En 2022, con otra ola importante, fueron 47. Este año ya se han superado esas cifras con creces y aún queda agosto, históricamente el mes más caluroso.

El perfil de las víctimas en Álava apunta claramente hacia la población mayor. La gran mayoría de los fallecidos tenía más de 65 años, y dentro de ese grupo destacan especialmente los mayores de 85. Solo uno de los fallecidos tenía entre 45 y 64 años.

Guillermo Herrero, director de Salud Pública del Gobierno vasco, pide que se preste especial atención a los ancianos que viven solos. Recomienda llamarles o visitarles con frecuencia, evitar la actividad física en las horas centrales del día y reducir al mínimo la exposición al sol cuando el calor aprieta con más fuerza.

El verano aún no ha terminado y el contador sigue sumando.

por Redacción Actualidad Vecinal

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