Iñaki lleva 33 años como agente de la Ertzaintza en Álava. Necesita bastón para moverse, lleva un parche de fentanilo las 24 horas y no puede vestirse solo. Sin embargo, el lunes pasado tuvo que presentarse en la comisaría de Portal de Foronda de Vitoria porque el Instituto Nacional de la Seguridad Social le había dado el alta médica y no quería incumplir la orden.

Ese mismo día que regresó al trabajo, recibió un burofax del departamento de Prevención del Gobierno vasco que venía a decir justo lo contrario: que este agente de 56 años no está en condiciones de desempeñar su labor, ni física ni psicológicamente, y que debe acceder a la jubilación por incapacidad permanente en grado total o superior.
La contradicción entre ambas administraciones deja a Iñaki en una situación tan absurda como dolorosa. El propio Gobierno vasco había declarado días antes que, puesto que la Seguridad Social le había dado el alta, tenía la obligación de reincorporarle. Ahora, su propio departamento de Prevención avala lo que el agente lleva meses reclamando.
Iñaki padece espondilodiscartrosis degenerativa lumbar, hipoestesias, espalda multiintervenida y rizartrosis, entre otras dolencias. No puede realizar actividad física, conducir ni portar arma de fuego. Tampoco está en condiciones de asumir tareas administrativas por la cantidad de medicación que toma a diario.
A pesar de todo, la acogida en comisaría fue buena. Sus compañeros y la jefatura le recibieron con afecto, y ha sido asignado a la línea A, el área administrativa de la Ertzaintza. Aunque, según él mismo reconoce, no le dejan hacer nada por razones evidentes.
El burofax de Prevención le abre ahora una nueva vía. Desde Euspel, el sindicato que le representa, explican que el documento insta al INSS a reconocerle la incapacidad, lo que podría acelerar una resolución que de otro modo habría tenido que esperar hasta abril del año que viene, cuando estaba fijado el juicio por la vía social.
Tanto el sindicato como el propio Iñaki confían en que la Seguridad Social tome una decisión antes de llegar a ese punto. Por el momento, el organismo no ha respondido a las preguntas planteadas por este medio.
Un ertzaina con tres décadas patrullando las calles de Álava espera que dos administraciones que se contradicen entre sí lleguen, por fin, a la misma conclusión que su cuerpo lleva tiempo diciéndole.
