El Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, que comparten las provincias de Segovia y Madrid, vive cada temporada un colapso de tráfico que ya no sorprende a nadie pero que sigue sin resolverse. El último informe anual del Plan de Uso Público del espacio natural, correspondiente a 2025, lo deja en negro sobre blanco: la gestión de los flujos de vehículos es, textualmente, «crítica».

Los números hablan por sí solos. Las 1.598 plazas de aparcamiento disponibles entre ambas vertientes de la sierra tuvieron que absorber nada menos que 293.275 accesos de vehículos a lo largo del año pasado. Turismos, autobuses y autocaravanas se disputan cada hueco libre desde primera hora de la mañana en los días de mayor afluencia.
El parque, que este año cumple trece años desde su declaración como espacio protegido, recibió en 2025 más de 2,3 millones de visitantes. Una cifra ligeramente inferior a la del ejercicio anterior, descenso que los propios técnicos atribuyen a las abundantes lluvias caídas en jornadas clave de la temporada.
Del total de visitas, algo más de 1,18 millones correspondieron a la vertiente segoviana, mientras que la madrileña captó 1.186.219, rozando el empate técnico entre ambas comunidades.
En el lado segoviano, las cuatro áreas recreativas gestionadas, Boca del Asno, Los Asientos, el Chorro de Navafría y La Panera de El Espinar, concentran 459 plazas, el 28% del total disponible en todo el parque. Una cifra claramente insuficiente para la demanda real que soportan.
El ejemplo más llamativo de la situación se produce en La Pedriza, en Manzanares el Real, donde el cierre del aparcamiento se produce de media a las 9:22 de la mañana. Sus 348 plazas quedan ocupadas en apenas dos horas cualquier día normal. Durante 33 días del año pasado, la barrera bajó definitivamente porque no quedaba ni un solo sitio libre.
El informe elaborado a partir de datos de centros de visitantes, controles de acceso, herramientas digitales, encuestas y sistemas automáticos de conteo supera las 400 páginas y subraya que la masificación fue ya una amenaza desde el origen de este espacio protegido.
La pregunta que muchos segovianos y visitantes se siguen haciendo es cuándo llegará una solución real a un problema que los datos llevan años poniendo sobre la mesa.
