Las máquinas ya trabajan en el entorno de la Peña del Cuervo. Lo que durante décadas fue una promesa política y durante ocho años un convenio firmado pero paralizado, empieza a tomar forma sobre el terreno. La integración ferroviaria de Santander es, desde este julio, una realidad en construcción.

La empresa UTE Comsa-Cuevas, adjudicataria de la primera fase del proyecto, ha comenzado los trabajos previos para desviar las vías de ancho ibérico, las de Renfe, hacia el lugar donde hoy circulan los trenes de ancho métrico, los de FEVE. En ese espacio se levantará también una estación provisional que acogerá andenes para ambos tipos de trenes mientras avanzan las obras definitivas.
El proyecto tiene su punto de partida oficial en enero de 2018, cuando el entonces ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, presentó el estudio informativo ante las instituciones cántabras. Ese mismo octubre, ya con José Luis Ábalos al frente del ministerio tras el cambio de gobierno, se firmó el convenio entre el Ejecutivo central, el Gobierno de Cantabria y el Ayuntamiento de Santander. El presupuesto inicial era de 187 millones de euros.
Sin embargo, el camino hasta el primer camión en la obra no ha sido sencillo. En 2019, la entrada de Ciudadanos en el equipo de gobierno municipal derivó en una paralización del proyecto para impulsar un concurso de ideas desde Urbanismo. No fue hasta que el PP recuperó la mayoría absoluta en el ayuntamiento, en mayo de 2023, cuando las tres administraciones retomaron el impulso.
Hoy el precio total de la obra supera los 400 millones de euros, un 114% más que el presupuesto firmado en 2018. El proyecto en sí apenas ha variado, salvo algunos ajustes menores en el diseño de la losa que cubrirá las vías. Lo que ha cambiado es el contexto económico de estos últimos años, que ha encarecido de forma notable todos los materiales y la mano de obra.
La hoja de ruta prevé que la integración esté terminada en 2030. La primera obra, el desvío de vías y la estación provisional, salió a licitación en septiembre de 2025 por 41 millones. En enero de 2026 se licitó el edificio de oficinas de la Peña del Cuervo por 30 millones más.
Después de décadas de debates, estudios y frustraciones, Santander ve por fin moverse la tierra en uno de los proyectos urbanísticos más ambiciosos de su historia reciente.
