Las playas de Noja llevan semanas lidiando con una presencia cada vez más intensa del alga asiática (rugulopteryx okamurae), una especie invasora que este verano ha llegado antes y en mayor volumen que en la temporada anterior, según coinciden vecinos y turistas del municipio cántabro.

La playa de Trengandín fue el escenario donde el pasado viernes arrancaron los trabajos de retirada de forma contundente. Desde entonces, la maquinaria no ha parado, y los resultados ya son visibles: el arenal recupera poco a poco su aspecto habitual, aunque la preocupación entre quienes lo frecuentan sigue siendo evidente.
Veraneantes con décadas de experiencia en Noja coinciden en que este año la situación es peor que la del pasado verano. Florentina Flores y Rosa Garrido, de Vitoria, llevan más de veinte años con apartamento en el municipio y aseguran que aunque el año pasado la imagen fue impactante, este curso «parece que ha llegado más». Ambas reconocen que la presión en redes sociales fue determinante para que se actuara en 2025, y valoran que esta vez las autoridades no hayan esperado tanto.
Paula Ruiz, vecina de Noja, nota «mucho más movimiento de maquinaria» que la temporada anterior y describe la presencia del alga como algo «incómodo» tanto para tomar el sol como para bañarse. José Ignacio Cuñado, bilbaíno con treinta años de veraneo en la localidad, lo dice con resignación: «No queda otra que aprender a convivir con un alga que llega cada vez antes y en mayor cantidad».
Las cifras respaldan esa percepción. Entre el viernes y el lunes se han retirado ya más de 600 toneladas en total, repartidas principalmente entre los arenales de Trengandín, Helgueras y Ris. Solo en la madrugada del domingo al lunes se recogieron 166 toneladas.
La actuación no está exenta de polémica. El concejal responsable del área no ha dudado en señalar al Ministerio para la Transición Ecológica, recordando que la gestión de esta especie invasora no es competencia municipal, lo que ha generado un debate sobre quién debe asumir los costes y la coordinación de estas labores.
Mientras tanto, en Noja la convivencia con el alga se normaliza a regañadientes. Los bañistas esperan que, como ocurrió el año pasado, una vez retirada no vuelva a aparecer. Aunque cada temporada que pasa, esa esperanza resulta más difícil de sostener.
