Cantabria desfila entera por el corazón de Santander en el pasacalles más folclórico de la Semana Grande

La capital cántabra vivió este martes festivo una tarde de gaitas, albarcas y trajes tradicionales cuando decenas de agrupaciones folclóricas de toda la región tomaron las calles del centro para celebrar el pasacalles regional del Día de las Instituciones.

Cantabria desfila entera por el corazón de Santander en el pasacalles más folclórico de la Semana Grande

Desde primera hora de la tarde, el entorno del CEAR de Vela en Gamazo se convirtió en el punto de reunión de grupos venidos de Cabezón de la Sal, Reinosa, Torrelavega, El Astillero, Camargo y muchos rincones más de Cantabria. Gaitas afinándose, albarcas repicando sobre el asfalto y coros calentando la voz antes de ponerse en marcha. Una estampa tan singular como difícil de ver en cualquier otro momento del año.

Y es que este desfile, que se celebra desde hace casi una década, tiene el mérito de ser la única cita en la que Cantabria entera se junta en la capital. Solo ocurre una vez al año.

La comitiva arrancó con los acordes de Santander, eres novia del mar entre aplausos del público. A la cabeza, dos gigantes, la bandera de Cantabria y el Lábaro, que portaban los miembros de la Asociación El Calcañar, llamando la atención al pasar con sus albarcas frente a los barquitos de Puertochico.

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El desfile no es un simple pasacalles. Es, en realidad, una actuación por tramos. Con las agrupaciones estiradas a lo largo del Paseo de Pereda, la comitiva se detenía periódicamente para que cada grupo pudiera lucirse ante el público que llenaba las aceras. Mientras la Banduca La Barquía del Astillero tocaba al fondo, más adelante bailaban los del Grupo de Danzas San Blas de la Montaña y, separados, los Garcilasos arrancaban canciones de la tierra.

Entre los presentes no faltaron las curiosidades. Con Coros y Danzas de la capital marchaban cinco niñas pequeñas ataviadas con traje tradicional, una de ellas con un peluche bajo el brazo. Las aceras respondían: Mira las niñas, comentaban los vecinos entre murmullos y sonrisas.

Hasta un matrimonio francés con su hija adolescente se quedó prendado del espectáculo, repitiendo La Cantabrie mientras grababan vídeos con el móvil.

La Banda de Gaitas Cantabria, el Grupo La Montaña, la Agrupación de Dulzainas del Astillero o la Banduca Tradicional Garabanduya pusieron la banda sonora de una tarde que Santander guarda como uno de sus días más genuinos. Folclore, vecindad y orgullo cántabro, todo junto en el asfalto de la ciudad.