Jeroni Comellas lleva décadas disparando castillos de fuegos en los pueblos de la isla. Hoy, con 61 años, mira al futuro con inquietud. No por el fuego que maneja, sino por el que amenaza con apagar una tradición entera.

Este técnico pirotécnico, responsable en Menorca de la empresa valenciana que surte de espectáculos a los ayuntamientos locales, advierte de que los fuegos artificiales corren el riesgo de desaparecer de las fiestas patronales a medio plazo si no cambia la manera en que las autoridades los evalúan.
El detonante más reciente fue la cancelación del espectáculo previsto en Fornells el pasado lunes. La decisión llegó desde el Ibanat, que consultó un mapa de vientos y temperaturas y optó por la suspensión. Una medida que Comellas no comparte.
«La ley exige una distancia de 500 metros respecto a una zona forestal. En Fornells tenemos el mar detrás, el castillo y cuatro setos. Y estaban los bomberos. No sé qué riesgo había», explica.
El técnico insiste en que los castillos que se lanzan en los pueblos de la isla son de pequeño formato, apenas unos seis kilos, y alcanzan un máximo de 30 metros de altura. Con viento de 5 kilómetros por hora en Fornells aquella noche, la norma fija el límite en 10, y Comellas sostiene que incluso a 30 kilómetros por hora no habría margen para que las chispas alcanzaran ninguna zona de riesgo.
En cuanto a las medidas de seguridad, el pirotécnico las describe como rigurosas: perímetro de seguridad de 15 metros, extintor siempre presente, paso del disparo manual al electrónico para proteger al operario, y dotación de bomberos en todo momento.
«Todo está muy controlado», insiste. Por eso pide al Ibanat algo concreto: que venga, que inspeccione los espacios, que evalúe sobre el terreno en lugar de decidir desde un mapa.
Fornells, Alcalfar y S’Algar son enclaves costeros donde, a su juicio, el peligro es casi inexistente. Sin embargo, la sombra de la cancelación ya planea sobre todos ellos.
Para Comellas, los fuegos artificiales no son solo un espectáculo. «Forman parte de nuestra cultura», afirma. Y teme que, si la tendencia continúa, esa cultura acabe silenciada no por el viento ni por el fuego, sino por la burocracia y la cautela excesiva.
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