Ochenta y cinco nietos y bisnietos del mismo árbol se dan cita en Cañizo de Campos el 8 de agosto

Cañizo de Campos se prepara para vivir uno de esos días que quedan grabados en la memoria de un pueblo. El próximo 8 de agosto, 85 personas unidas por la misma sangre llegarán desde distintos rincones de España y de Francia para reencontrarse en el lugar donde todo comenzó: el pequeño municipio zamorano que vio nacer el linaje de los González-Méndez.

Ochenta y cinco nietos y bisnietos del mismo árbol se dan cita en Cañizo de Campos el 8 de agosto

El origen de este reencuentro extraordinario hay que buscarlo en Ángel González y Piedad Méndez, la pareja cuya historia arrancó en esta localidad de la comarca de Toro y cuyas raíces se extendieron con el tiempo por media Europa. Sus descendientes, seis generaciones completas, llegan ahora dispuestos a cerrar el círculo y a honrar la tierra de sus antepasados.

Entre los asistentes habrá familiares procedentes de Francia, Asturias, Bilbao, León, Valladolid y varios municipios de la provincia de Zamora. Un mapa familiar que refleja décadas de emigración y de vida lejos del pueblo, pero también una voluntad inquebrantable de no perder el hilo que los une a sus orígenes.

La jornada tendrá un tono profundamente emotivo. Además de celebrar el presente de una familia que ha crecido sin perder su identidad común, el encuentro reservará un momento para recordar a quienes ya no están. La memoria de los ausentes, dicen los organizadores, estará muy presente a lo largo del día.

Para los más jóvenes de la familia, muchos de los cuales crecieron escuchando historias sobre ese pueblo zamorano que apenas conocían, la cita representa una oportunidad única. La posibilidad de pisar por primera vez la tierra de la que vienen, de poner cara a parientes lejanos y de entender de dónde procede su historia.

Lo que comenzó siendo una idea para mantener vivo el vínculo familiar se ha convertido en todo un acontecimiento. Cañizo de Campos, un municipio tranquilo como tantos otros de la España rural, acogerá durante unas horas a una familia que habla distintos idiomas, que tiene distintas nacionalidades, pero que comparte un mismo apellido y un mismo punto de partida en el mapa.

Una historia de emigración, de raíces y de reencuentro que demuestra que la distancia, por mucho que se empeñe, no siempre consigue borrar lo más importante.