Sangre de matadero tiñe una carretera del alfoz leonés y salpica los coches de los vecinos

Los residentes de Alija de la Ribera viven con indignación un nuevo episodio protagonizado por un camión procedente de un matadero local, que volvió a dejar un reguero de sangre animal a su paso por la carretera LE-5516 el pasado martes 28 de julio.

El suceso se repite apenas siete meses después de que el mismo vial, la carretera de Villarroañe, quedara cubierto de vísceras de cerdo tras perder la carga un camión que salía del matadero de Santa Olaja. Esta vez, el líquido que manchó el asfalto, las señales de tráfico y los vehículos aparcados en los márgenes fue directamente sangre de los animales transportados.

El rastro dejado por el camión conducía directamente hasta las instalaciones del matadero Universal de Alimentación. Los vecinos dieron la voz de alarma pasadas las seis de la tarde, contactando con el servicio de Emergencias 112 y con la Guardia Civil. Los agentes desplazaron una patrulla a la zona, aunque desde la Subdelegación del Gobierno se indicó que no encontraron nada al llegar.

Las imágenes recogidas por los afectados desmienten esa versión. El arcén, varias señales y distintos coches aparecen claramente salpicados de sangre, algunos de cuyos propietarios tuvieron que desplazarse hasta León para intentar limpiar sus vehículos. Una limpieza que, según los vecinos, tendrá que correr a cargo de la empresa responsable.

La situación también fue trasladada a la Diputación de León, titular de la vía, así como a Valentín Martínez, vicepresidente de la institución provincial y alcalde de Villaturiel, municipio al que pertenece Alija. Según los vecinos, Martínez reaccionó con rapidez y se comprometió a actuar.

Fruto de las gestiones, un camión de limpieza se personó en la zona durante la tarde del jueves para tratar de eliminar el rastro. Sin embargo, el trabajo con cepillo, agua y lejía no fue suficiente para borrar del todo las manchas, ya que la sangre seca había penetrado en el cemento de la calzada.

Los afectados señalan como causa de fondo el estado de la flota de vehículos de la empresa, a la que califican de anticuada y poco apta para este tipo de transporte. A las molestias materiales se suma el factor higiénico: en pleno verano, la sangre de animales muertos desprendió un olor insoportable en la zona.

Los vecinos esperan ahora que las administraciones y la empresa implicada tomen medidas definitivas para que este episodio no vuelva a repetirse.