Un millar de vecinos de Sayago pasan la noche fuera de sus hogares mientras el incendio de los Arribes no da tregua

El pabellón polideportivo de Fermoselle se ha convertido en la principal casa provisional para los vecinos de una docena de pueblos evacuados por el incendio forestal declarado este martes en los Arribes del Duero. Hamacas, mantas y un silencio cargado de angustia han sustituido al parqué y las canastas de baloncesto mientras la comarca de Sayago vive una de las noches más duras de los últimos años.

Los operarios trabajan contrarreloj para acondicionar las instalaciones y garantizar el descanso mínimo a las personas que han tenido que abandonar sus casas de forma precipitada ante el avance del fuego. El polideportivo de Bermillo de Sayago también acoge a numerosos desalojados y ambos recintos trabajan coordinados para dar respuesta a una emergencia que no deja de crecer en extensión y en afectados.

Se calcula que cerca de un millar de personas han quedado bajo alguna medida de protección, entre los confinados en sus localidades y los evacuados de varios municipios del entorno. A las puertas del pabellón de Fermoselle, grupos de vecinos aguardan sentados a la sombra, con el móvil en la mano y la mirada perdida, pendientes de cualquier novedad sobre la evolución del fuego y el estado de sus viviendas.

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La preocupación es palpable. Muchos de los afectados no ocultan su temor a que las llamas alcancen los pueblos y recuerdan inevitablemente el devastador incendio que hace nueve años asoló esta misma zona de los Arribes, cuando cientos de hectáreas de monte quedaron arrasadas y varios núcleos de población estuvieron en serio peligro.

Voluntarios de Protección Civil, personal municipal y servicios de emergencia trabajan sin descanso para coordinar la atención a los desalojados y mantener el operativo de extinción activo en los distintos frentes del incendio.

La prioridad, según las autoridades, sigue siendo proteger a la población y frenar el avance de un fuego que mantiene en máxima tensión a toda la comarca. Los pabellones permanecerán habilitados el tiempo que sea necesario, listos para recibir a más vecinos si la situación lo requiere.

Una comarca que ya conoce de cerca el dolor de los grandes incendios vuelve a enfrentarse al fuego, esta vez con la esperanza de que los medios desplegados logren doblar las llamas antes de que el daño sea irreparable.