El campo segoviano cierra una de sus temporadas más duras en la última década. La combinación de un invierno demasiado lluvioso, una primavera caprichosa y un verano marcado por el calor extremo ha reducido el rendimiento del cereal en un 40% respecto al año anterior, golpeando de lleno la economía de miles de familias agricultoras de la provincia.

Los datos son contundentes. De las 141.000 hectáreas sembradas con cereal este año, una cifra que ya supone un 13% menos que la campaña pasada, el rendimiento promedio se ha quedado en apenas 2.378 kilogramos por hectárea, muy por debajo de los valores habituales del periodo de referencia entre 2016 y 2025. Si se suma la caída de superficie y el desplome del rendimiento, la producción total ha retrocedido casi un 48%.
Segovia se coloca así a la cabeza del ranking negativo dentro de Castilla y León, con los peores resultados de la comunidad esta temporada.
Las organizaciones agrarias no tienen dudas a la hora de calificar la situación. Desde Asaja reconocen que el balance «no es para nada positivo» y desde la Unión de Campesinos-UCCL señalan que los rendimientos se han quedado «muy por debajo de la media». La tendencia es tan clara que incluso con un pequeño porcentaje de superficie todavía por cosechar, nadie espera que las cifras finales cambien de manera significativa.
Los problemas arrancaron desde el otoño pasado. La sementera resultó complicada por un invierno excesivamente húmedo que dificultó las labores en el campo. El mes de febrero llegó a duplicar las precipitaciones medias habituales para esa época, lo que generó condiciones adversas para el desarrollo de los cultivos en muchas comarcas.
La geografía también ha jugado en contra de la homogeneidad. Mientras algunas zonas de la provincia presentan resultados algo más esperanzadores, la mayoría de las tierras segovianas han sufrido de lleno el impacto del calor y la escasez de agua en los momentos clave del ciclo del cultivo.
A todo ello se añade un nuevo repunte de los costes de producción, agravado por las tensiones en los mercados internacionales tras el conflicto en Irán, que ha encarecido insumos básicos para las explotaciones. El girasol, por su parte, amenaza con convertirse en otro capítulo negativo de la temporada.
Un año más, los agricultores segovianos afrontan el otoño con las cuentas en rojo y la incertidumbre sobre cuándo podrá llegar la tan esperada recuperación.



