Montaña Alavesa vive estos días un momento histórico para la energía renovable en Euskadi. Los enormes componentes de ocho aerogeneradores esperan ya en la muga entre Campezo y la localidad navarra de Genevilla para comenzar su ascenso hacia la cima de la sierra de Labraza, donde tomará forma el primer parque eólico que se levanta en el País Vasco en veinte años.

El traslado de las palas, que alcanzan los 72 metros de longitud, arranca esta misma semana y se prevé que se prolongue durante al menos dos meses, siempre que las condiciones meteorológicas lo permitan.
Para mover estas descomunales piezas se ha optado por la tecnología conocida como blade lifter, que consiste en un elevador hidráulico montado sobre un tráiler de doce ejes capaz de inclinar la pala hasta 65 grados y girarla sobre su propio eje. Gracias a este sistema se pueden sortear las curvas más cerradas de los viales sin necesidad de ensanchar carreteras ni alterar trazados.
La operación no pasa desapercibida para los vecinos de la zona. Los habitantes de Genevilla son los más afectados, ya que su carretera principal se convierte en el corredor principal de estos transportes, que circulan con escolta policial de al menos dos vehículos. En algunos puntos incluso ha sido necesario desconectar el cableado aéreo y conectar los hogares a generadores eléctricos temporales.
La promotora del parque, Aixeindar, sociedad participada por Iberdrola y el Gobierno vasco, ha acordado con los ayuntamientos afectados unos horarios concretos para reducir al mínimo las molestias, evitando las horas de mayor tráfico y habilitando caminos alternativos para los vecinos.
El esfuerzo logístico tiene una recompensa a la altura. Una vez en funcionamiento, los ocho aerogeneradores sumarán una potencia de 40 megavatios, lo que incrementará la capacidad eólica de Euskadi en un 26%, pasando de los 150 megavatios actuales a 193. Se calcula que el parque generará electricidad suficiente para abastecer a unos 30.000 hogares y evitará la emisión anual de 16.300 toneladas de CO2.
Dos décadas de parón en la apuesta eólica vasca llegan así a su fin en las alturas de Álava, con un proyecto que mezcla tecnología punta, coordinación vecinal y una ambición renovable que muchos esperaban desde hace tiempo.



