La Casa de Cultura Ignacio Aldecoa de Vitoria acogerá desde septiembre una exposición dedicada a la plaza de los Fueros, el espacio urbano más polémico de la capital alavesa, coincidiendo con el cincuentenario de su encargo a dos de los grandes nombres del arte y la arquitectura vascos.

Fue el 21 de julio de 1976 cuando las Juntas Generales de Álava encargaron al arquitecto Luis Peña Ganchegui y al escultor Eduardo Chillida que diseñaran un monumento en el corazón de Vitoria para homenajear los Fueros, al cumplirse entonces cien años de la ley que los abolió. Medio siglo después, ese proyecto que nunca dejó de levantar ampollas vuelve a estar en el centro de la conversación ciudadana.
La muestra, titulada Plaza de los Fueros, promete ser un recorrido visual e histórico a través de imágenes, maquetas originales, dibujos cedidos por Chillidaleku y treinta y cinco fotografías del estudio bilbaíno Artefacto. Todo ello para contar el pasado y el presente de un lugar que, desde el primer momento, dividió a los vitorianos.
La pieza estrella de la exposición será Gasteiz, una escultura de alabastro que Chillida creó como prueba antes de comenzar la construcción y que el Museo de Arte Contemporáneo de Bilbao ha cedido para la ocasión.
Detrás de la iniciativa están Patricia Álvarez de Arcaya y Montxo Alkorta, dos personas que en su día formaron parte del movimiento ciudadano Plaza de los Fueros, sí, que animó a Chillida y Ganchegui a continuar con el proyecto cuando las críticas amenazaban con frenarlo.
La exposición se dividirá en tres bloques: momento, espacio y arte. El primero pondrá en contexto histórico la génesis de la plaza. El segundo abordará su dimensión arquitectónica. El tercero se centrará en la obra de Chillida.
Los organizadores son claros en su intención: no quieren imponer lecturas. Su objetivo es que cada visitante traiga sus propios recuerdos y emociones. Como explica Álvarez de Arcaya, la plaza se cruza cada día pero ha dejado de mirarse, y conocer las cosas es el primer paso para quererlas.
La polémica, sin embargo, no ha quedado enterrada en los archivos. Los propios organizadores denuncian el mal estado en que se encuentra actualmente el espacio y la falta de iluminación adecuada para disfrutarlo por las noches. Vitoria tiene una cita con su historia más incómoda. Y esta vez, en septiembre, no habrá excusa para mirar hacia otro lado.
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