El campamento inclusivo de Burgos dispara su demanda un 54% y se convierte en referente de integración para familias de toda la ciudad

El verano en Burgos tiene ya un sello propio. El campamento inclusivo que organiza el Ayuntamiento junto a la entidad Aspanias en el colegio Fray Ponce de León vive su edición más exitosa, con un incremento del 54% en las solicitudes de participación respecto al año pasado.

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Si en la edición anterior se recibieron 70 inscripciones, este verano la cifra ha escalado hasta las 108. Un dato que la alcaldesa Cristina Ayala no ha dudado en calificar de «éxito» durante su visita a una de las actividades del programa, celebrada en una bolera de la capital burgalesa.

El modelo de funcionamiento es sencillo pero eficaz. Los campamentos se dividen en tres turnos de 30 plazas cada uno. Cada grupo lo forman 15 menores con discapacidad, de entre 6 y 17 años, y 15 menores sin discapacidad de hasta 12 años. La mezcla no es casual: busca crear lazos naturales entre niños y niñas de realidades distintas, apostando por una convivencia que va más allá de la mera tolerancia.

Un equipo de once profesionales cualificados acompaña y supervisa todas las actividades, que este año giran en torno a la temática de La vuelta al mundo, un hilo conductor que permite explorar culturas, paisajes y tradiciones a través del juego y la creatividad.

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La programación combina talleres en las instalaciones del propio colegio con salidas al exterior. Los participantes disfrutan de visitas culturales, jornadas de piscina y excursiones a centros de ocio, incluyendo una escuela de tiempo libre en la provincia de Palencia.

Para las familias de Burgos con hijos con discapacidad, esta iniciativa representa algo más que un campamento de verano. Es una oportunidad de que sus hijos compartan experiencias cotidianas con otros niños en igualdad de condiciones, algo que no siempre resulta sencillo de encontrar.

El crecimiento sostenido de la demanda confirma que la propuesta ha calado en la ciudad. Lo que empezó como una experiencia piloto se ha convertido en una cita esperada cada verano, con listas de espera que obligan ya a plantearse si será necesario ampliar plazas en próximas ediciones.

Burgos avanza así hacia un modelo de ocio infantil que no distingue capacidades, y que entiende la inclusión no como un objetivo abstracto, sino como algo que ocurre de verdad en una bolera, en una piscina o en un taller de manualidades.