El calor extremo frena las ventas del turismo activo y cultural en Menorca

El verano de 2026 está dejando en Menorca algo más que bronceado y recuerdos: las altas temperaturas están cambiando de forma visible los hábitos de los visitantes y, con ello, el negocio de muchas empresas locales.

Así lo alerta Rafael Durán, presidente de la Asociación Balear de Actividades Turísticas (Abactur) y gestor de varios de los enclaves más emblemáticos de la isla, entre ellos la fortaleza de La Mola, el lloc de Binissués, el yacimiento talayótico de Torralba den Salort y el Palacio Salort de Ciutadella.

«El calor ya no es una anécdota; condiciona horarios, decisiones de compra y hasta la viabilidad de algunas actividades», afirma Durán, quien lleva años al frente de iniciativas turísticas y conoce bien el pulso de la economía insular.

Sus palabras se apoyan en una encuesta impulsada desde Abactur que refleja una desaceleración de la actividad durante julio. El dato más llamativo es la paradoja que están viviendo muchas empresas: hay más turistas que nunca, pero las ventas caen. El volumen de visitantes no se traduce en mayor negocio.

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Las empresas de turismo activo, cultural, patrimonial y de experiencias son las más afectadas. La demanda se concentra ahora en las primeras horas de la mañana y al caer la tarde, mientras que las reservas en la franja central del día se desploman. Nadie quiere visitar una fortaleza al sol del mediodía cuando el termómetro supera los 35 grados.

Este cambio en el comportamiento del turista no es menor. Supone una transformación profunda del modelo turístico de la isla, que históricamente ha basado buena parte de su oferta en actividades al aire libre y en la visita a espacios patrimoniales y naturales.

La temporada, reconocen desde el sector, no está dando los resultados esperados pese al buen ritmo de llegadas. Y la preocupación crece porque el fenómeno no parece puntual.

Desde Abactur reclaman que las instituciones y el sector analicen estos datos con seriedad y tomen medidas. Adaptar horarios, rediseñar experiencias para las horas frescas o crear incentivos para redistribuir la demanda son algunas de las vías que ya se apuntan como necesarias.

Menorca, referente de turismo sostenible y de calidad, afronta así uno de sus retos más urgentes: aprender a convivir con un verano que cada año aprieta más.