El cuarto día del Sonorama Ribera dejó escenas para el recuerdo en el corazón de Aranda de Duero, con miles de personas volcadas en una jornada que combinó energía desbordante, emoción y hasta una tormenta veraniega.

El mediodía del sábado llegó con el calor pegajoso de siempre, pero también con una sorpresa que nadie esperaba en la plaza del Trigo. A las tres de la tarde, el director del festival, Javier Ajenjo, anunció ante el clamor del público que Sexy Zebras repetían actuación en el enclave más emblemático del festival, solo unas horas después de haber triunfado en el escenario principal.
Lo que siguió fue pura comunión entre grupo y público. Canciones coreadas a pleno pulmón, coreografías espontáneas entre los asistentes y una atmósfera de fiesta total que, según todos los presentes, difícilmente olvidarán.
Pero antes de que subieran los Zebras, la plaza ya hervía gracias a Oslo Ovnies. La banda riojana llegaba a Sonorama tras cumplir una promesa tan increíble como emotiva: hace unas semanas, tras casi veinte horas de esfuerzo, sus integrantes recorrieron corriendo los kilómetros que separan Ábalos, su pueblo natal, hasta Aranda de Duero.
La historia detrás de ese gesto es aún más poderosa. Aitor, el batería del grupo, despertó tiempo atrás en la UCI tras pasar por el quirófano por una operación de corazón. Desde ese momento, prometió que si algún día los invitaban al Sonorama, llegarían corriendo. Y así lo hicieron.
En el escenario también supieron estar a la altura. El apoteósico concierto tuvo un momento especial cuando el abuelo de uno de los músicos subió a compartir los aplausos con la banda, una imagen que emocionó a todos los presentes.
Cerrada la plaza del Trigo, el ambiente se extendió por otras zonas del festival. El calor del día terminó transformándose en una intensa tormenta que refrescó las calles de Aranda, aunque sin frenar el baile ni un instante, con el agua de la lluvia mezclándose con la de las pistolas de agua.
La noche reservaba aún más emociones, con Leiva y La MODA como grandes protagonistas en El Picón. Y este domingo, el festival se despide con su edición diurna, cerrando una nueva edición antes de afrontar el año que viene su trigésimo aniversario.
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