Aranda de Duero concentra uno de los tejidos industriales más potentes de la provincia de Burgos, pero su capacidad productiva sigue lastrada por una asignatura pendiente que se repite año tras año: la conexión ferroviaria de mercancías. Empresarios y representantes del sector llevan tiempo advirtiendo de que sin esa infraestructura, el crecimiento de la ciudad tiene un techo difícil de superar.

La localidad ribereña alberga industrias de primer nivel en sectores como el agroalimentario, el automóvil y la logística. Su posición geográfica, en el cruce de rutas entre Madrid, el País Vasco y el corredor mediterráneo, la convierte en un enclave estratégico sobre el papel. Sin embargo, esa ventaja potencial se diluye cuando las empresas deben recurrir exclusivamente al transporte por carretera para mover sus productos.
Los defensores del ferrocarril de mercancías argumentan que su puesta en marcha no es un capricho, sino una necesidad competitiva. El coste del transporte, la huella de carbono y la dependencia del tráfico rodado son factores que penalizan a las empresas arandinas frente a competidoras ubicadas en zonas con mejor acceso ferroviario.
Desde el sector industrial se insiste en que Aranda no puede permitirse ignorar esta oportunidad. La industria genera empleo estable, atrae inversión y fija población en el territorio, algo especialmente valioso en una región que lucha contra la despoblación. Pero para mantener y ampliar ese tejido productivo, hacen falta infraestructuras a la altura.
El debate no es nuevo. La demanda de una línea de mercancías operativa lleva décadas sobre la mesa sin que las administraciones hayan dado una respuesta definitiva. Cada vez que el asunto resurge, el diagnóstico es el mismo: el potencial existe, pero se desperdicia por falta de voluntad política o de inversión.
El momento actual se presenta, no obstante, como una ventana de oportunidad. Los fondos europeos destinados a la transición ecológica y a la modernización de infraestructuras podrían financiar proyectos de este tipo, siempre que haya una apuesta decidida desde los gobiernos regional y central.
La pelota, una vez más, queda en el tejado de quienes toman las decisiones. Aranda tiene el músculo. Lo que necesita es la vía para utilizarlo.



