Hacerse con una vivienda en propiedad en Burgos se ha convertido en una aspiración reservada, casi en exclusiva, a quienes ya superan la cuarentena. La edad media del comprador en la provincia roza los 50 años, dos más que la media nacional, y los jóvenes menores de 31 años apenas protagonizan el 8,9% de las operaciones de compraventa. Los datos, extraídos del Portal Estadístico del Notariado, dibujan un mercado inmobiliario que expulsa a las generaciones más jóvenes antes incluso de que puedan llamar a la puerta.

El tramo de edad comprendido entre los 41 y los 50 años concentra ya el 26% de las transacciones en la capital y su provincia. El mercado de segunda mano domina de forma aplastante, y el perfil del comprador responde cada vez más a alguien con estabilidad financiera acumulada durante años, no a un joven que da sus primeros pasos laborales.
La principal causa es la escalada de precios. El metro cuadrado en Burgos se sitúa en 1.333 euros, una cifra que no se registraba desde junio de 2013, y los expertos advierten de que, si la tendencia se mantiene, los máximos históricos podrían alcanzarse en apenas dos años.
Para un joven asalariado menor de 29 años, alquilar en solitario supone destinar el 61,2% de su sueldo neto mensual a pagar la renta. Si prefiere comprar, necesitaría ahorrar el equivalente a 8,3 años de salario neto íntegro para afrontar la operación. Unas cifras que hacen imposible hablar de acceso real al mercado residencial.
Las consecuencias se trasladan directamente a la tasa de emancipación. En Castilla y León, apenas el 13,8% de los jóvenes vive de forma independiente, el dato más bajo desde 2006. Quienes logran salir del hogar familiar lo hacen con una media de 30,4 años, una edad en la que, oficialmente, ya han dejado de ser considerados jóvenes.
Burgos se comporta algo mejor que la media regional. Castilla y León es la única comunidad autónoma española donde la mediana de edad de los compradores supera los 50 años, con Soria registrando el dato más extremo: 53 años. Burgos y Palencia se quedan en 50, mientras que Valladolid baja hasta los 48.
El panorama refleja una fractura generacional que no da señales de corregirse. Sin políticas de acceso efectivas, el sueño de la vivienda en propiedad seguirá siendo, para los burgaleses más jóvenes, algo que pertenece al futuro lejano o, simplemente, a otro.
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