La localidad guadalajareña de Azuqueca de Henares echó a andar sus fiestas patronales con el ritual de siempre y una carga emotiva especial. El pregón y el chupinazo congregaron a vecinos y visitantes en un arranque festivo que este año llevó también el sello del homenaje.

El chupinazo sonó con fuerza en el cielo de Azuqueca, como cada año, dando la señal oficial de que las fiestas han comenzado. La plaza se llenó de gente, de aplausos y de ese ambiente inconfundible que solo las celebraciones populares saben crear.
Antes del cohete, el pregón puso el tono. Las palabras pronunciadas desde el balcón del ayuntamiento calaron hondo entre los asistentes, especialmente cuando el discurso se detuvo para rendir un cariñoso tributo a José Luis Viejo, uno de los hijos más ilustres de la localidad y figura querida por generaciones de azuquequeños.
Viejo, ciclista profesional que dejó huella en las grandes competiciones europeas y que siempre mantuvo un vínculo estrecho con su tierra, fue recordado con afecto y gratitud. Su nombre arrancó uno de los momentos más emotivos de la noche, con aplausos que se prolongaron entre la multitud congregada en la plaza.
La mezcla de alegría festiva y recuerdo sentido marcó un inicio de fiestas diferente, más humano si cabe, donde la celebración y la memoria caminaron de la mano.
Las próximas jornadas traerán conciertos, actividades para los más pequeños, actos culturales y la programación habitual que convierte a Azuqueca en el centro de atención de la comarca durante estos días. Los vecinos ya llevan días preparando los planes y la expectativa es alta.
Las fiestas de Azuqueca de Henares vuelven a demostrar que son mucho más que diversión: son el momento en que una ciudad se reconoce a sí misma, honra a quienes la han representado y abre las puertas a todos para celebrar juntos.
El cohete ya ha subido. Las fiestas han comenzado.
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