La Autoridad Portuaria de Balears ha activado un procedimiento de urgencia para frenar el deterioro que amenaza con destruir de forma irreversible el ninfeo de Cala Figuera, una joya del patrimonio romano situada en el puerto de Maó.

El monumento, considerado una de las obras portuarias más antiguas de Europa, fue incluido recientemente en la lista roja de Hispania Nostra, el inventario que recoge los bienes históricos en situación de riesgo severo en España. Una distinción que nadie desea y que ha acelerado los movimientos de la administración.
El problema principal son las palomas. La malla metálica que cierra la cueva donde se encuentra el ninfeo no ha recibido el mantenimiento necesario, lo que ha permitido que las aves entren y aniden en su interior. Sus excrementos están corroendo lentamente la piedra de marès del monumento, causando un daño que los expertos califican de ruinoso.
Este verano, técnicos de la Autoridad Portuaria visitaron la gruta junto a responsables de Patrimonio del Consell Insular de Menorca para evaluar el estado real de la construcción. Las conclusiones confirmaron lo que llevaban advirtiendo desde hace más de una década voces como la del investigador Jesús González Palomo: el ninfeo necesita intervención inmediata.
La actuación urgente que se está tramitando consistirá en una limpieza cuidadosa del monumento, coordinada con los técnicos de Patrimonio. La intención es que los trabajos se lleven a cabo durante el próximo invierno, antes de que el deterioro alcance un punto sin retorno.
La Autoridad Portuaria reconoce que el proyecto de reordenación integral de la zona de Cala Figuera, que contempla la recuperación y protección definitiva del ninfeo, lleva años paralizado y que su resolución puede prolongarse en el tiempo. Por eso han optado por esta vía de emergencia: actuar ya con lo que hay, sin esperar a soluciones más ambiciosas que aún tardarán en materializarse.
El expediente, según esperan desde el ente portuario, tendrá una tramitación rápida que permita intervenir en los próximos meses.
Un monumento que sobrevivió siglos de historia no puede perderse ahora por falta de mantenimiento en una simple malla metálica. Menorca tiene la oportunidad de demostrar que sabe cuidar lo que le pertenece.



