El monte Toro se vistió de fiesta este domingo con la celebración de la segunda jornada de Sant Nicolau, una de las tradiciones más queridas de la isla. Cientos de menorquines y visitantes se acercaron hasta el punto más alto de Menorca para disfrutar de la misa de caixers y del esperado jaleo ecuestre, bajo un cielo despejado y con un viento suave que alivió el calor del mediodía.

La jornada arrancó temprano. A las 8.30 horas, la Agrupació de Músics de Menorca recorrió las calles de Es Mercadal tocando la diana, despertando al pueblo con el sonido que anuncia que la festa ha llegado. Media hora después comenzaba el replec, con el fabioler Pau Sales pidiendo permiso al caixer capellà, su tío Llorenç Sales, en un gesto cargado de simbolismo y tradición.
Desde la placeta de l’Església, la comitiva de caixers y cavallers inició la subida al Toro. A las 11 de la mañana, el Santuari de la Mare de Déu del Toro acogió la misa de caixers, presidida por el obispo Gerardo Villalonga. Durante el acto se repartió agua-ros y los tradicionales panets de Sant Nicolau, pequeños panes elaborados con harina y agua que, según la costumbre, protegen los hogares de los truenos y rayos durante el año si se colocan a la entrada de la casa.
Tras la misa y la visita a sa Posada del Toro para la beguda, llegó el momento más esperado. A las 12.15 horas comenzó el jaleo con la participación de treinta y dos caballos. La exhibición ecuestre transcurrió sin ningún incidente y se desarrolló en dos vueltas, con la entrega de las tradicionales cañas verdes y las culleretes de Sant Nicolau 2026 como recuerdo para cada participante. El jaleo concluyó a las 14.30 horas entre el entusiasmo del público congregado en la explanada.
La bajada de la qualcada al pueblo, la devolución de las banderas en la placeta de l’Església y el comiat al caixer capellà pusieron el broche final a los actos. El último toque de fabiol, a las 16 horas, cerró una jornada que, un año más, demostró la fuerza de una fiesta que late en el corazón de Menorca.



