Samuel y Thiago, de 14 y 5 años, siguen sin plaza escolar asignada cuando el curso ya ha arrancado en la capital alavesa. Su madre, Lady Johana, llegó desde Colombia hace más de un año y medio para darles una vida mejor. Ahora los tres se enfrentan a un laberinto administrativo que nadie parece tener prisa en resolver.

Lady Johana Lozano, de 36 años, aterrizó en Vitoria en enero de 2025 dispuesta a construir desde cero una estabilidad que le permitiera reunirse con sus hijos. Los primeros meses fueron de trabajos precarios, limpiezas y cuidados de mayores, hasta que hace medio año logró un contrato en una tienda de ropa. Ese contrato fue la llave para iniciar los trámites de reagrupación familiar.
En junio comenzó con el papeleo. En agosto, Samuel y Thiago pisaron Vitoria por primera vez. Sin embargo, la alegría del reencuentro chocó de frente con la realidad: las instituciones estaban de vacaciones y los trámites de matriculación no podían iniciarse hasta la primera semana de septiembre, con el curso ya a punto de comenzar.
Más de una semana después del inicio oficial de las clases, el 7 de septiembre, ninguno de los dos niños tiene plaza asignada. El proceso de baremación y asignación de vacantes sigue su curso, sin fechas concretas. Para colmo, ya le han adelantado que es casi imposible que los dos hermanos vayan al mismo centro, algo que solo sería posible en un colegio concertado.
Mientras tanto, los menores pasan el día solos en casa. Lady Johana los vigila desde el trabajo a través de una cámara, pero eso no alivia su angustia. El mayor, con 14 años, se convierte de facto en cuidador del pequeño durante casi ocho horas diarias, una responsabilidad que no le corresponde.
Thiago, de 5 años, no entiende por qué no puede salir al parque, por qué tiene que guardar silencio, por qué sus días transcurren encerrado entre cuatro paredes. Su madre tampoco tiene respuestas fáciles para él. La red familiar que en Colombia representaba la abuela aquí sencillamente no existe.
El caso de esta familia refleja una grieta del sistema: los procedimientos de escolarización no están diseñados para absorber con agilidad las llegadas de menores en pleno verano o en los días previos al inicio del curso. El resultado lo pagan, una vez más, los niños.
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