La ampliación del estacionamiento regulado en Salamanca cumple dos semanas desde su entrada en vigor el pasado 15 de julio y el balance arroja luces y sombras. Las calles donde antes era imposible aparcar aparecen ahora inusualmente vacías, los parquímetros viejos siguen en pie en varias zonas y los conductores que huyen del pago están colapsando las calles gratuitas de los alrededores.

Desde aquel miércoles, el pago por aparcar llegó a nuevas zonas de la ciudad: el entorno de Canalejas, el paseo de San Antonio, las inmediaciones del cuartel de la Policía Nacional y calles como Rector Esperabé. La mayor parte de estas nuevas áreas quedaron señalizadas con línea verde, mientras que la pintura azul se reservó para el interior de la primera ronda, que ahora es completamente de pago.
El efecto disuasorio ha sido inmediato y visible. Calles como Espronceda, Domingo de Soto y San Francisco Javier, con cerca de 300 plazas en total y siempre atestadas antes del cambio, presentan ahora un panorama muy distinto. La rotación ha mejorado, pero a costa de dejar el asfalto prácticamente libre a cualquier hora. Algo similar ocurre en el primer tramo de la avenida de Comuneros, donde la segunda fila era moneda corriente y ahora hay momentos de tranquilidad total.
Sin embargo, el despliegue sigue incompleto. La empresa concesionaria, que gestiona el servicio por más de 40 millones de euros, tiene la obligación contractual de renovar todas las líneas y sustituir todos los parquímetros de la ciudad. A día de hoy, eso no ha ocurrido. En zonas como el entorno de la avenida de Villamayor, las marcas viales están parcialmente borradas y los aparatos siguen siendo los antiguos, muy deteriorados.
Los comerciantes del área reconocen una mejoría parcial: antes era inviable que un cliente encontrara aparcamiento. Pero también señalan el otro lado de la moneda. Quienes no quieren pagar los dos euros aproximados por dos horas, ni tramitar la tarjeta de residente con una tasa de 75 euros, han trasladado sus coches a calles gratuitas como las del barrio de Prosperidad, que empiezan a saturarse.
No es un fenómeno nuevo en Salamanca. Cuando hace una década se creó la zona verde entre el paseo de la Estación y la avenida de Portugal, el mismo efecto desertizó esas calles durante años. La historia parece repetirse, aunque el verano puede estar inflando artificialmente el efecto. La prueba de fuego llegará con el regreso de la actividad plena en septiembre.
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