Doscientos nuevos ingenieros dan sus primeros pasos en la universidad en el Campus de Álava

El curso 2026/2027 arrancó ayer en Vitoria con nervios, ilusión y mochilas cargadas de expectativas. El Campus de Álava de la Universidad del País Vasco (EHU) abrió sus puertas a casi doscientos estudiantes de ingeniería que vivieron su primer día en la universidad con una jornada de bienvenida que mezcló emoción y aclimatación.

Doscientos nuevos ingenieros dan sus primeros pasos en la universidad en el Campus de Álava

Poco después de las nueve de la mañana, los nuevos alumnos ocupaban ya las butacas del salón de actos con una carpeta verde con el logo de la EHU en la mano. La directora del centro, Zuriñe Gómez de Balugera, fue la encargada de recibirles con un mensaje claro: «¡Bienvenidos a la Uni!», aunque también quiso ser sincera y les advirtió de que «no es una carrera sencilla» y les recomendó «asistir a clase desde el primer día».

Entre los asistentes, el vitoriano Unai Regalado reconocía que la noche anterior le había costado conciliar el sueño. «No sé si son nervios o ganas, pero estoy muy ilusionado de empezar la vida universitaria», confesó. Muchos habían quedado antes en la puerta de la facultad para entrar en grupo, una estrategia que sirvió también para hacer los primeros amigos del curso.

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Ese fue el caso de Ane Alarcia, una navarra que llegó sola al acto pero no tardó en romper el hielo. «Ellas se conocían de antes y yo estaba sola, pero les he sonreído, se han acercado y nos hemos sentado juntas», explicó, ya junto a Teresa Zabala y Ane Garraza.

La jornada incluyó además una visita guiada por el campus y la presentación de un mapa del entorno universitario, especialmente útil para quienes nunca habían pisado Vitoria. Es el caso de Carlos Burbino, procedente de Santo Domingo de la Calzada, y Guillermo Hernández, llegado directamente desde México. Ambos se conocieron ese mismo día y posaron juntos para la foto.

«Es mi primera vez en Europa y tengo sentimientos encontrados, pero Vitoria me está encantando», aseguró Hernández con una sonrisa.

Una mañana tranquila, de aterrizaje suave, que marcó el inicio de lo que para muchos será una etapa decisiva en sus vidas. Vitoria les abrió sus puertas, y ellos llegaron dispuestos a quedarse.