El Transporte Urbano de Santander vive su mejor momento histórico. En los primeros siete meses de 2026, cerca de 11 millones de personas han elegido el autobús para moverse por la ciudad, una cifra que no tiene precedentes y que demuestra que los santanderinos confían cada vez más en el transporte público.

El éxito no es casual. El Ayuntamiento ha apostado fuerte por el servicio, con un presupuesto de 29,6 millones de euros este año, con el objetivo de reducir el uso del coche privado en una ciudad que se atasca a diario y cuyos aparcamientos cuelgan el cartel de completo desde primera hora de la mañana.
Las líneas más demandadas son la 1 y la 2, que atraviesan la ciudad de extremo a extremo con una frecuencia de paso de unos 15 minutos. Ambas acumulan más de 1,5 millones de viajeros cada una entre enero y julio. Les siguen las circulares 5C1 y 5C2, con cerca de un millón de usuarios en el mismo periodo. Las líneas 14 y 16 son las menos frecuentadas, aunque también registran entre 200.000 y 300.000 viajes.
El concejal de Movilidad, Agustín Navarro, ha valorado positivamente los datos y ha anunciado medidas para seguir creciendo: se incorporarán 16 nuevos conductores y ocho autobuses híbridos a la flota. Además, se ha reforzado la línea 24 los fines de semana y otras siete líneas durante el verano.
Sin embargo, desde el comité de empresa advierten de que la situación ha llegado al límite. El representante de los trabajadores, Miguel Iglesias, señala que la plantilla ha sido insuficiente en los últimos años y que las horas extra se agotan casi por completo en julio y agosto, lo que genera incertidumbre sobre cómo se cerrará el año. A esto se suma que ocho conductores están a punto de jubilarse.
La plantilla actual, recogida en la Relación de Puestos de Trabajo presentada esta semana, consta de 364 puestos, de los cuales 277 son conductores. Quedan todavía 49 vacantes y 35 plazas interinas por regularizar.
En cuanto a la flota, el TUS avanza hacia la sostenibilidad con autobuses híbridos enchufables de Volvo y Mercedes, además de seis vehículos eléctricos adquiridos con fondos europeos. Los responsables municipales reconocen que el precio de los eléctricos sigue siendo un freno para ampliar ese segmento sin ayudas externas.
Santander consolida así un modelo de movilidad urbana que cada vez convence a más vecinos, aunque el reto ahora es garantizar que el servicio pueda crecer al mismo ritmo que su demanda.



