El Casco Viejo de Vitoria lleva dos años sin fibra óptica y sus vecinos ya no callan

Pancartas en euskera cuelgan estos días de una de las fachadas más fotografiadas del barrio medieval de Vitoria. No anuncian ningún festival ni reivindican causa política alguna. El mensaje es más cotidiano y, por eso mismo, más frustrante: los vecinos piden, simplemente, poder conectarse a Internet desde sus casas.

El Casco Viejo de Vitoria lleva dos años sin fibra óptica y sus vecinos ya no callan

Centenares de residentes del casco medieval llevan más de dos años sin poder contratar fibra óptica en sus hogares. El apagón del ADSL los dejó sin acceso rápido a la red y, desde entonces, se las apañan como pueden con conexiones móviles de 5G que, sobre el papel, prometen velocidad pero que en la práctica fallan a menudo.

«En cuanto aumenta el público en las calles o hay cualquier inclemencia, se satura y deja de funcionar», explica una de las afectadas, que trabaja como gestora cultural y debe atender reuniones por videollamada desde su domicilio. «Estando en pleno centro de Vitoria, parece que vivimos aislados en un monte», lamenta.

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Otros vecinos señalan que la falta de conexión no solo afecta al teletrabajo, sino también a algo tan sencillo como ver una película en streaming. «Hoy en día Internet es tan básico como el agua o la luz. No tenerlo es un retraso», apunta otro residente.

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El origen del problema está en la normativa que protege el conjunto histórico. El Plan Especial de Reforma Interior del casco medieval prohíbe el cableado por fachadas, como sí se hace en el resto de la ciudad. La fibra debe instalarse de forma soterrada, a través de arquetas específicas bajo tierra, y una veintena de portales no cuenta con esa infraestructura.

El Ayuntamiento de Vitoria adjudicó hace cinco meses un contrato de 130.000 euros para ejecutar las obras necesarias. Los trabajos debían arrancar en mayo. Sin embargo, la empresa adjudicataria nunca llegó a firmar el contrato, lo que obligó al Consistorio a declarar desierto el concurso y preparar una nueva licitación que, según el Ayuntamiento, alcanzará a más portales que la anterior.

Mientras tanto, los vecinos siguen desconectados. Y su paciencia tiene cada vez menos cobertura.

Las pancartas que lucen en el edificio del antiguo seminario de Fray Zacarías Martínez, junto a la Catedral de Santa María, buscan aprovechar el tirón turístico de La Blanca para dar visibilidad a una situación que consideran inaceptable en pleno 2026. Turistas que pasan por allí las confunden con protestas políticas. Sus protagonistas preferirían que fueran historia pasada.