El Centro de Recuperación de Animales Silvestres de Segovia atendió a 890 ejemplares a lo largo de 2025, lo que convirtió a la provincia en la cuarta de Castilla y León con más ingresos de fauna salvaje, solo superada por Burgos, Valladolid y Salamanca. Una media de más de dos animales al día llegaron a sus instalaciones, situadas junto al barrio de Zamarramala.

El centro, conocido popularmente como ‘Los Lavaderos’, funciona como un auténtico hospital para la fauna silvestre. Aves, mamíferos, reptiles y anfibios heridos, enfermos u huérfanos llegan hasta allí con el objetivo de recuperarse y regresar a su hábitat. Elena Hernández, jefa de la Sección de Espacios Naturales de Segovia, lo define con claridad: «Es un hospital de animales, con lo cual el trato que se tiene con ellos es el menor posible, el indispensable».
El proceso de recuperación sigue distintas fases. Los animales pasan primero por una zona de cuidados intensivos, luego a espacios interiores llamados «mudas» y, finalmente, a voladeros exteriores donde recobran fuerza antes de ser liberados. En ningún caso se suelta un ejemplar hasta confirmar que puede valerse por sí mismo.
De los 890 animales registrados en 2025, el 52,2% llegó con vida. De ese grupo, alrededor del 60% logró recuperarse, lo que se tradujo en 255 liberaciones al medio natural. Algunos fueron marcados para realizar un seguimiento posterior.
Las aves fueron, con diferencia, las pacientes más numerosas: 806 de los 890 ingresos. El buitre leonado, el busardo ratonero, la cigüeña blanca, el vencejo común y el milano real encabezaron la lista de especies atendidas.
Las principales causas de ingreso revelan también los peligros que acechan a la fauna. La recogida de pollos o crías fue la más frecuente, con 252 casos. Le siguieron las electrocuciones y colisiones con tendidos eléctricos, con 218 casos, y los atropellos, con 132. Hernández subrayó que parte de esos datos proceden de campañas de inspección de la Junta en la red eléctrica provincial, orientadas a detectar apoyos peligrosos y obligar a sus propietarios a corregirlos.
La primavera y el verano son los meses más intensos. Durante esa época llegan decenas de pollos que han caído del nido y aún no pueden alimentarse solos. El personal debe darles de comer con pinzas cada pocas horas. Hernández recuerda, no obstante, que no toda cría encontrada en el suelo necesita intervención, ya que en muchos casos sus padres continúan cuidándola desde las cercanías.
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