El Colegio Izarra, un antiguo internado de élite ubicado en el municipio alavés de Urkabistaiz, lleva tres décadas en ruinas y sin alumnos. Ahora la Diputación Foral lo ofrece como la mayor parcela industrial disponible en todo el territorio.

El colegio fantasma de Álava que ahora quiere convertirse en polígono industrial

La escasez de suelo industrial en Álava ha llegado a tal punto que la institución foral ha tenido que recurrir a opciones poco convencionales para cubrir la demanda. Diez de los doce polígonos gestionados por la agencia de desarrollo provincial superan el 80% de ocupación, y espacios emblemáticos como Júndiz o el parque tecnológico de Miñano están prácticamente al límite.

En ese contexto, el antiguo Colegio Izarra se ha convertido, casi por descarte, en la parcela más grande que la Diputación puede ofrecer a las empresas. El propio dossier oficial no oculta la realidad del lugar: habla de un espacio en situación de gran deterioro y expolio de equipamientos y cableados. No hay precio fijado para los posibles interesados, aunque una tasación de 2023 valoró los terrenos en 1,65 millones de euros.

El inmueble tiene una historia singular. Fue fundado en 1967 por el emprendedor Juan Gonzalo Pérez, de Algorta, quien invirtió 16 millones de pesetas para poner en marcha un proyecto educativo innovador con capacidad para 150 internos. Por sus aulas pasaron hijos de familias como los Domecq o los Osborne, y también el hijo de la mezzosoprano Teresa Berganza. El éxito del centro lo convirtió en destino privilegiado para las élites del País Vasco y España.

Noticias de Vitoria en tu WhatsAppGratis, sin registros y sin que nadie vea tu número.
Unirme al canal

Sin embargo, el proyecto acabó encallando. La construcción de la residencia femenina, con módulos de hormigón diseñados por el arquitecto y humorista gráfico José María Pérez Peridis, trajo problemas con los plazos y los pagos a la constructora, vinculada al grupo Rumasa. Desde entonces, el declive fue imparable.

La Diputación se hizo con la titularidad del espacio en 2011 en una operación que sirvió para rescatar al Deportivo Alavés de la quiebra. Pagaba 250.000 euros anuales por ese derecho, pero en 2024, al renovar el contrato, dejó de abonar esa cantidad. Ahora el único gasto es el servicio de seguridad del edificio.

En estos años han circulado propuestas de todo tipo: un campo de airsoft, colonias infantiles, un centro de hípica, instalaciones de tiro o una planta fotovoltaica. Ninguna llegó a buen puerto.

La pregunta ahora es si la industria conseguirá lo que ninguna otra idea logró: darle una segunda vida a este edificio que lleva décadas esperando.