Gaitas, castañuelas y bailes tradicionales tomaron ayer las calles del centro de Torrelavega para celebrar la vigesimotercera edición del Día del Folclore, una cita que cada 15 de agosto transforma la ciudad en un punto de encuentro entre la herencia cultural cántabra y sus vecinos.

El Bulevar Demetrio Herrero fue el corazón de la jornada. Allí, los Picayos de la Virgen de las Nieves, llegados desde Tanos, protagonizaron una de las actuaciones más aplaudidas del día. Ataviados con sus trajes regionales y acompañados por el repiqueteo de las castañuelas, sus danzas atrajeron a cientos de personas que formaron un amplio corrillo alrededor de los danzantes.
Lo que comenzó como un espectáculo terminó siendo una celebración compartida. Algunos asistentes, contagiados por el ritmo, se sumaron espontáneamente a los movimientos de los intérpretes. Esas escenas improvisadas resumieron bien el espíritu de la jornada: el folclore no como algo ajeno o guardado en vitrinas, sino como una tradición viva y accesible a cualquiera.
La música no se detuvo al acabar cada actuación. La Banda de Gaitas de Cantabria recorrió distintos puntos del entorno mientras la Ronda La Esperanza de Requejo aportaba sus cantos tradicionales a viva voz. Las melodías se fundieron con el trasiego habitual de vecinos, peñistas y visitantes, creando una banda sonora singular para el día grande de las fiestas patronales.
La jornada también permitió ver los coloridos trajes regionales y comprobar la capacidad del folclore para tender puentes entre generaciones. Los mayores reconocían canciones y pasos aprendidos hace décadas, mientras los más pequeños se acercaban con curiosidad a los instrumentos. Ni el tiempo inestable logró restar público a una cita que lleva ya veintitrés ediciones ganándose un hueco firme en el calendario local.
El calendario folclórico de La Patrona aún guarda otra fecha destacada. El próximo sábado 22, a las 17.00 horas, el Asilo San José acogerá la actuación del Grupo Etnográfico de Vila Praia de Âncora, procedente de Portugal. Esa misma noche, el Bulevar Demetrio Herrero será el escenario del Festival Internacional de Folclore, con grupos llegados desde Portugal, Chile, Burgos y la propia Torrelavega.
Una programación que amplía la mirada más allá de Cantabria y demuestra que preservar la memoria colectiva es un proyecto que no entiende de fronteras.



