El pasado 31 de julio se cumplieron tres cuartos de siglo desde que el agua del pantano de Barrios de Luna llegó por primera vez a las tierras leonesas. Una fecha que marca un antes y un después en la historia agrícola y social de toda la comarca.

Fue en ese mismo día de 1951 cuando tuvo lugar el primer desembalse, un momento que los vecinos de la zona recuerdan como algo histórico. Las personas se agolpaban en los márgenes de los ríos para ver llegar el agua, y la carretera estaba llena de curiosos que no querían perderse el acontecimiento.
El proyecto fue diseñado por el ingeniero Luis Llanos y Silvela con el objetivo de dar servicio a regadíos, abastecimientos, molinos, serrerías y usos hidroeléctricos. Desde entonces, el embalse abastece a la Ribera del Órbigo, el Páramo leonés y la ciudad de León.
Julio César Carnero, presidente del Sindicato Central del Embalse, no duda en resumir su impacto: «Cambió prácticamente todo, no hubiera habido un sistema de vida, muchos pueblos estarían despoblados y abandonados sin Barrios de Luna».
Manuel Mantecón, secretario del Sindicato, comparte esa visión y destaca cómo la agricultura local dio un salto de gigante desde el primer día: «Fue una riqueza y el anticipo de lo que iba a venir, con la simple construcción del embalse ya se avanzó mucho en la manera de hacer las cosas».
Pero el aniversario también trae consigo una deuda con quienes pagaron el precio más alto. Familias enteras tuvieron que abandonar sus casas en los pueblos del valle de Luna, que quedaron anegados bajo las aguas. José Fernández Gutiérrez, de la Comunidad de Regantes Presa Escobio de Garaño, tenía cinco o seis años cuando Franco inauguró oficialmente el pantano en 1956 y recuerda haber hablado con algunos de aquellos afectados: «Se fueron repartiendo por varios pueblos, pero lo pasaron muy mal».
Carnero también quiso rendir homenaje a esas personas: «Tiene que ser muy duro marcharte de la tierra donde te has criado, donde tienes todos tus recuerdos, para dar vida a otra zona distinta».
Siete décadas y media después, la gestión del embalse se ha modernizado con herramientas digitales. El Sindicato ha puesto en marcha Digiluna, una plataforma que centraliza los datos de contabilidad de las comunidades de regantes para mejorar la eficiencia en el uso del agua.
Como resume Mantecón, antes todo era visual y manual; hoy, sin perder ese componente humano, las pantallas y los sensores ayudan a cuidar mejor un recurso que sigue siendo, 75 años después, vital para León.
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