El Espinar vive diez días de fiesta mayor al ritmo del Cristo del Caloco

El Espinar arranca esta semana una de las celebraciones más completas y arraigadas de la provincia de Segovia. Diez días de actividad ininterrumpida, en los que la devoción al Santísimo Cristo del Caloco se mezcla con verbenas, toros, tradición popular y mucha vida en la calle.

El Espinar vive diez días de fiesta mayor al ritmo del Cristo del Caloco

Todo comenzó este sábado 12 de septiembre con la bajada de la imagen desde su ermita hasta la villa. La peregrinación a caballo, el himno nacional, los cohetes y el bastón de mando entregado por la Alcaldía marcaron una entrada cargada de emoción. La Banda Municipal de Música, El Cirineo y el Grupo de Danzas de El Espinar pusieron el marco perfecto para recibir a un Cristo que, pequeño y de melena larga, no necesita perfección formal para dejar huella en quien le mira.

El programa no da tregua. El domingo toca novillada con Blas Márquez, David Pascual y Manuel Vega, seguida de la célebre Respingona, que cada año reúne a cientos de personas en un baile multitudinario. El lunes es el día de los mayores, con funeral, comida popular y homenaje en el Centro de Jubilados. El martes, los niños podrán subir a las andas durante la procesión por La Hontanilla y Los Clérigos.

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En fiestas

El miércoles le toca a los quintos, y el jueves a las peñas, con becerradas, teatro y orquestas hasta la madrugada. El viernes habrá huevos fritos con chorizo, bueyada infantil y Gran Prix. Y el sábado 19, antes de la recta final, una comitiva de antorchas recorrerá las calles al son de las dulzainas hasta la plaza de toros, donde la tradicional Verbena Típica del Teo se prolongará hasta el amanecer.

Pero el momento más esperado llega el domingo 20. La romería del Santísimo Cristo del Caloco, declarada de Interés Turístico Nacional, devolverá al festejo su sentido más profundo. Con sopas de ajo en el Portalón al amanecer, misa de campaña, el XV Concurso de Carrozas y una caldereta popular, el pueblo se reunirá para despedir a su Cristo con el ceremonial de siempre: la imagen mirando a los cuatro puntos cardinales y al cementerio antes de bendecir a los suyos.

Y cuando la traca final retumbe en La Corredera, El Espinar guardará el cansancio, las canciones y algo que no cabe en ninguna fotografía: la emoción de ver regresar al Cristo a su ermita, año tras año, como si el tiempo no pasara.