El claustro del Convento de San Juan de la Cruz de Alba de Tormes acogió una velada musical que difícilmente olvidarán quienes tuvieron la fortuna de estar presentes. El cantautor Juan Santamaría presentó su último disco ante un público que llenó el histórico espacio con el recogimiento propio del lugar.

La propuesta fusiona el fado portugués con los versos del místico carmelita, un maridaje tan inesperado como natural. La melancolía atlántica de la canción portuguesa encontró en los poemas del santo su alter ego espiritual perfecto, y el resultado fue una experiencia que transitó entre la belleza y el recogimiento.
Santamaría subió al escenario acompañado por el guitarrista Paulo y el pianista salmantino José María. Los arreglos para piano de cola y guitarra portuguesa dotaron a cada pieza de una atmósfera íntima que encajó a la perfección con la piedra centenaria del claustro. El concierto arrancó a las 20:30 horas y fue desgranando los temas del álbum ante una audiencia que incluía tanto vecinos de la localidad como visitantes llegados expresamente para la ocasión.
El repertorio trazó un itinerario espiritual por las grandes obras del escritor abulense. La Noche oscura como camino de purificación, la búsqueda del Amado, el amor místico convertido en metáfora poética y la asombrosa vigencia de unos textos escritos hace más de cuatro siglos fueron los ejes sobre los que giró la velada.
El concierto se enmarca en la programación cultural de los centenarios sanjuanistas. Este año se conmemora el primer centenario de la proclamación de san Juan de la Cruz como Doctor de la Iglesia, un título que la Iglesia Católica le otorgó en 1926. Alba de Tormes, villa donde el santo vivió sus últimos días y donde reposan sus restos, se ha consolidado durante este año jubilar como el principal foco de difusión de su legado espiritual.
La velada demostró que la poesía mística no solo resiste el paso del tiempo, sino que sigue siendo capaz de emocionar cuando encuentra el vehículo musical adecuado. El fado, con su particular forma de hablar de ausencia y anhelo, resultó ser ese vehículo.
Alba de Tormes suma así otra cita cultural de calado a un año marcado por la celebración y el homenaje a uno de los grandes de la literatura española universal.



