Fabián Urzain tiene 22 años, ha vivido en Madrid, Murcia, A Coruña y ahora en Zamora, pero su corazón nunca ha abandonado Torrecaballeros. Este joven segoviano, que ya vive profesionalmente del fútbol, regresa este verano a su pueblo con un encargo muy especial: ser el pregonero de las fiestas locales.

Una vida marcada por el balón desde la infancia. Con apenas dos años ya daba sus primeros chutes imitando a su primo Adrián, y desde entonces el fútbol no ha dejado de llevarlo de un lado a otro. Las selecciones de Castilla y León, una temporada en el Valladolid y cinco años en la cantera del Atlético de Madrid fueron los primeros peldaños de una carrera que lo ha llevado después por la UCAM Murcia y el filial del Deportivo de La Coruña, donde llegó a debutar con el primer equipo. Actualmente milita en el Zamora, donde puede jugar en ambas bandas o como mediapunta.
Pese a los kilómetros acumulados, Urzain no olvida de dónde viene. «Echo de menos sobre todo a la gente y la tranquilidad con la que se vive allí. Tengo a mis amigos, a mi familia, a mis perros… Es el lugar donde llego a desconectar de todo», asegura el jugador.
La vida del futbolista profesional, reconoce, tiene poco del glamour que muchos imaginan. «Te levantas, entrenas, comes, vas al gimnasio y tienes que cuidarte las 24 horas alrededor del fútbol». Una disciplina que, en su caso, lleva con naturalidad, ya que se define como una persona tranquila a la que no le atrae especialmente la vida nocturna.
Con la vista puesta en el futuro, compagina los entrenamientos con los estudios de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, y aspira a seguir vinculado al deporte cuando cuelgue las botas. A quienes sueñan con seguir su camino les lanza un mensaje honesto: «Hay muchas cosas que tienes que sacrificar. Es duro, pero hay que seguir siempre hacia delante, con una sonrisa y disfrutando del fútbol».
Ahora, sin embargo, el reto no está en el césped sino en el balcón del Ayuntamiento. Urzain reconoce que hablar en público no es lo suyo, pero la ocasión lo supera todo. «Me hace mucha ilusión. Quiero dar las gracias al alcalde, acordarme de mis amigos y contar alguna anécdota», adelanta.
Un pregón que será, más que ninguna otra cosa, una bienvenida a casa después de años en los que el fútbol le robó demasiadas fiestas.
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