El Hospital Universitario Marqués de Valdecilla ha alcanzado este año el primer puesto en el Ranking Best in Class entre los centros hospitalarios españoles de alta complejidad. Un logro histórico que llega cuando el hospital santanderino se acerca a sus cien años de vida y que convierte a Cantabria en referente sanitario nacional.

La noticia merece ser celebrada. En un momento en el que los titulares sobre sanidad suelen girar en torno a las carencias del sistema, el primer puesto de Valdecilla en este reconocido ranking es un motivo de orgullo para la ciudad, para la comunidad y para los miles de profesionales que cada día hacen posible el funcionamiento del hospital.
Pero más allá del número, hay una historia detrás que da sentido al presente. Cuando en diciembre de 1929 abrió sus puertas la Casa de Salud Valdecilla, el médico Gregorio Marañón ya intuyó que en Santander nacía algo diferente. No un hospital al uso, sino una institución construida sobre una idea avanzada para su época: que asistir, enseñar e investigar no eran tareas separadas, sino parte de una misma responsabilidad.
Esa filosofía fundacional, impulsada por el generoso mecenazgo del Marqués de Valdecilla, Ramón Pelayo, se tradujo desde el principio en servicios especializados, en una escuela de enfermería y en un instituto de formación de postgraduados. Estructuras que en la España de entonces eran una rareza y que convirtieron al hospital santanderino en adelantado a su tiempo.
Casi un siglo después, el hospital ha cambiado profundamente. La innovación, la universidad, el Idival y el Hospital Virtual Valdecilla han ampliado aquel proyecto original. Pero hay un hilo conductor reconocible que une el centro de 1929 con el de hoy: una cultura institucional basada en la excelencia, el humanismo y el trabajo colectivo.
Ese espíritu intangible, difícil de medir pero fácil de reconocer, es probablemente el activo más valioso de Valdecilla. Y también el más frágil, porque solo se sostiene si cada nueva generación de profesionales lo cuida y lo alimenta.
El primer puesto en el ranking es un reconocimiento externo, pero el verdadero mérito es interno. Lo han construido generaciones de médicos, enfermeras, técnicos y trabajadores que, día a día, han ido sumando su granito de arena a una obra colectiva que hoy se sitúa en lo más alto de la sanidad española.
Santander tiene motivos para estar orgullosa.
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