El prelado de la Diócesis de Zamora, Fernando Valera, visitó por primera vez de forma pastoral la pequeña localidad de Vega de Villalobos y se fue con un compromiso firme bajo el brazo: estará presente el día en que la espadaña de la iglesia de San Román de Abad vuelva a lucir restaurada ante sus vecinos.

La visita dejó imágenes cargadas de emoción. Muchos de los asistentes a la eucaristía que ofició el obispo portaban chapas con la imagen de la espadaña y el lema «Salvemos Nuestra Torre», el colectivo vecinal que lleva meses trabajando sin descanso para evitar la ruina definitiva de lo que consideran el símbolo del pueblo.
Durante su homilía, Valera alabó la unidad de los habitantes de Vega de Villalobos y subrayó que «merece la pena trabajar, mirar hacia el frente y unirnos en un proyecto común». Se refirió a la espadaña como «maravillosa» y recordó que la obligación es «entregarla mejor que la hemos recibido».
El colectivo vecinal hizo entrega al obispo de un regalo muy significativo: una caja con una muestra de cada uno de los objetos vendidos, sorteados o regalados durante la campaña de recaudación. Hasta la fecha, la iniciativa popular ha logrado reunir 36.825 euros, una cifra notable para un pueblo de apenas 88 habitantes censados.
Valera confirmó además que el proceso administrativo para ejecutar las obras está «bastante avanzado» y recordó que los trabajos ya fueron incluidos en el convenio de bienes inmuebles 2026-2027 firmado entre la Diputación de Zamora y el Obispado el pasado noviembre de 2025.
No obstante, el prelado no quiso ocultar las dificultades que afronta la Diócesis para encontrar empresas que se presenten a licitaciones de este tipo y sean capaces de culminar obras de restauración patrimonial. Un problema que calificó de «drama» y que afecta a numerosos templos de la provincia.
A pesar de ello, el obispo quiso lanzar un mensaje de optimismo a los vecinos: en Vega de Villalobos, dijo, «lo más importante está hecho», en alusión a la financiación ya asegurada para acometer la rehabilitación.
El párroco, Abelardo Febrero, y los vecinos agradecieron la cercanía del prelado en una jornada que reforzó el vínculo entre la comunidad y su iglesia, y que deja al pueblo con renovadas esperanzas de ver su torre en pie, restaurada y lista para seguir siendo el corazón del lugar.
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